DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. FICCIÓN (XXI)

ROCÍO: Discutí con mi hermano, él se cree perfecto y me dijo que no me gustaba mi vida y lo pagaba con él. Pero no es verdad, mire rellené este test de Mía y tengo marido, hijos, trabajo… no me falta nada para ser feliz. Pero es verdad que me molesta su vida, es director de arte del Moma y se cree la crem de la crem, cuando tampoco ha estudiado tanto y ha tenido suerte en la vida simplemente. Cada año vive con una y sin hijos porque es un viva la virgen no quiere compromisos cuando yo he cumplido con la familia y tuve 3 hijos.

Psicoterapeuta: ¿Se sintió obligada?

Rocío: pues no pero es que todos deberíamos ser padres porque te cambia la vida. Cuando no viaja y está aquí con la querida o la nueva novia me acerco a ver si está su coche o tiene las luces encendidas porque me preocupo por él. Él dice que le controlo porque no me gusta mi vida y estoy pendiente de la suya para no pensar en la mía. ¿¡Vaya jeta mi hermano!?

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. FICCIÓN (XX)

Darío: Bueno, pues no se porque estoy aquí. Han pasado las elecciones y he votado a Ayuso con convicción férrea como toda mi familia, sabemos que entre lo malo es lo mejor. Ha defendido a muerte a los hosteleros. Yo siempre voto convencido. La verdad es que cuando amigos comienzan a hacerme matices sobre la gestión de ella, ya malo, pienso que no la van a votar. Bueno, la gente de por aquí que es de este partido es gente muy trabajadora y nosotros no somos perroflautas. Llevo mi banderita de España con mucho orgullo en mi muñeca. (Comienza a llorar) Cuando le dije a mis padres y a mis amigos que era gay pensé aunque sea gay por lo menos voto a la derecha, en eso si puedo ser como vosotros, en lo otro me es imposible. Yo vivo mi vida bien y he tenido algún noviete casi de Vox, que no presume de nada. Pero no sé, creo que en mi voto va algo de mi sexualidad que no puedo definir, es como si aunque todo el mundo estuviese a favor de que tenga la pareja que me dé la gana en libertad, es como si yo no pudiese disfrutar o estuviese en peores condiciones que mis amigos heterosexuales. Es como si todo el mundo me quisiese para cubrir su cuota de amigos gays y luego, exponer en el bar “sí soy muy tolerante”. Con Darío me llevo fenomenal y que se acueste con quien quiera. Tanta aceptación me hace sentirme fatal, yo creo que no me acepto y si pudiese tomar una pastilla para cambiar mi orientación sexual, lo haría ahora mismo. Es como si fuese en un tren o en una diligencia viendo la vida pasar y fuese querido pero como si no fuese de verdad y todo fuese una pantomima. Así me siento.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA FICCIÓN (XIX)

Eduardo: Llevo viniendo tres meses con usted y cuando la gente me pregunta qué tal con el psicólogo no sé que decir. No sé si estoy mejor o peor…bueno ya no tengo los ataques de ansiedad que tenía pero no sé tampoco es que sea la alegría de la huerta o que mi vida haya cambiado radicalmente. Solamente que al no tener ansiedad ni pánico ya puedo dormir. No sé que ha hecho, no sé si hablar de mi padre o de mi hijo me ha mejorado, pero estoy mejor aunque me gustaría estar mucho mejor y eso usted todavía no lo ha conseguido. Además mi madre me dio una gota de una tila especial y a lo mejor es ella con su remedio casero la que me ha mejorado.

Psicoterapeuta: Lo hizo usted con su terapia, la ha usado para subir un escalón que era lo que le dificultaba el día que llegó, ahora la puede utilizar para conseguir más cosas. Seguimos la semana que viene. El terapeuta se queda pensando “qué importantes las madres entre atribuirlo al trabajo terapéutico o a un ungüento mágico de su familiar prefiere lo segundo”

Edvard Munch, Autorretrato con cigarrilo, 1895, óleo sobre lienzo, 110.5 x 85.5 cm, The National Museum of Art, Architecture and Design, Oslo.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA FICCIÓN (XVIII)

Darío: Haré lo que me diga, vendré las sesiones que me diga porque estoy muy interesado en resolver el problema que le voy a contar. Me encanta mi vida soy feliz pero tengo que decidir entre dos mujeres y no sé por cual, soy un alto directivo y me enrollé con mi secretaria que me admira y llevo 10 años viviendo con mi novia de toda la vida que siempre me pone pegas a todo, no quiere tener hijos, me desprecia cariñosamente pero me desprecia.[…] lo que no me gusta es su consulta, es aciaga no hay máquina de agua, el contestador es lento, la secretaria tarda unas horas en devolver la llamada, los cuadros no son vanguardistas, las cortinas no son modernas, el suelo es antiguo y suena al pisar, hace años que no pinta las paredes, sus vasos son de plástico en vez de cristal…[…]

Psicoterapeuta: A lo mejor le gusta mi consulta y no le gusta su vida porque habló mas en contra de estas cuatro paredes que de su vida que imagino que es lo que le trae aquí. Nos vemos al final de la semana en el mismo horario.

Darío: No me viene bien, no voy a venir tanto, no me quiero hacer dependiente.

Psicoterapeuta: Entonces, su problema no tiene solución. Me pleitea por todo, no se deja ayudar. Va de “alto directivo” ahora y eso no le deja escuchar.

Darío: Pues vaya tontería lo que me ha dicho, en vez de hablar con usted hablo con mi mujer o mi secretaria o mis empleados, es usted el que no sirve.

Psicoterapeuta: Hágalo, intente resolverlo con ellos y luego me cuenta que tal le fue y si le funciona lo puede patentar.

John Register, Sala de espera para el más allá, 1988. Litografía sobre papel, 104,1 x 104,1 cm

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. FICCIÓN (XVII). ÚLTIMA SESIÓN

Estefanía: Nunca pensé que descubriese con usted que yo era una “malévola”. Vine diciendo que no me quería, que necesitaba autoestima y que mis hijos siempre sufrían bulling. Y no era eso lo que me pasaba. Cualquier dificultad de mis hijos, las catalogaba como maltrato y en el fondo eran las cosas de la convivencia.

Cuando usted me preguntó sobre para qué me preocupaba tanto. Me di cuenta que era para no vivir, para no enfrentarme a que había abandonado mi trabajo por ser madre y siendo hipercontroladora, me sentía bien porque ese control era como decirme a mi parte que decidió dejarlo todo por mis hijos, que yo lo estaba haciendo bien.

Por otro lado, nunca me gustó este pueblo, el de mi marido, por mucho realengo que tenga y le decía a mis hijos frases muy dañinas sobre él, sobre sus nuevos amigos, era como si les quisiese convencer para irnos al pueblo de mis padres, donde nací y me crie.

Yo no estaba a favor de mudarme aquí ni de casarme aquí y cedí, cedí, y quise ganar en mis hijos, lo que no pude defender con mi marido. Cuando él venía a casa por las noches era como decirle, ves te has confundido, deberíamos haber seguido viviendo en Cataluña. Aquí están tus padres pero no nos quieren en los colegios, ni en el pueblo. Y eso me servía para pleitear con él.

Otro psicólogo me hubiese atendido al niño simplemente para darle estrategias por acoso escolar pero usted me indicó que viniese yo, que hablase con usted, sentí que no me juzgaba y que estaba de mi parte por muy “malévola” que fuese al principio. Y al principio la tomé con usted, ¡cómo se atreve éste a decirme que vaya a algunas entrevistas con él! y le fastidiaba, no acudía, acudía tarde, le presenté un súperinforme del colegio con mi conclusión y usted, me atendió sabiendo que no era solo ese diagnóstico. Me doy cuenta que ahora puedo decir otras frases a mis hijos a favor de ellos y me he planteado el separarme pero decidimos no hacerlo.

Pero durante muchos años las preocupaciones con los hijos tapaban mis peleas con mi marido y qué hacer con el matrimonio. Usted me hizo poner palabras a lo que me pasaba, palabras reales…ahora puedo tener mas preocupaciones que no sean mis hijos, he ampliado el mundo. A veces, me enfado porque es usted caro y me gustaría haber podido hacerlo sola. Sentía que vivir otra vida que no fuese como la de mis padres en el pueblo era una traición hacia ellos, hacia mí misma.

Además dejé de llamar a mi madre todas las mañanas para contarla mi mala vida (que no lo era tanto), mis padres también estaban en contra de que nos mudásemos, he tenido mucha dependencia de mi madre sobre todo y yo le contaba lo que ella quería escuchar, lo que ella pensaba que iba a escuchar.

Es increíble porque hablar con usted también era como aprender cosas que ellos no me enseñaron y yo que iba de humilde en el fondo me molestaba aprenderlo de un “desconocido”. Nos han enseñado a ir a un “médico de familia” pero no a un “psicólogo de familia”. He cambiado y han cambiado mis hijos y aún así estoy enfadada, estoy enfadada porque usted debería estar en la seguridad social. Estaríamos todos mejor. ¿Me da el alta?

Psicoterapeuta: ¿Yo le di la baja?

Estefanía: (Sonríe)Psicoterapeuta: Hasta cuando quiera.

Abecedario de la Psicología: K de Karma

K DE KARMA.

Karma sería una acción o energía transcendente derivada de los actos, palabras y pensamientos de los individuos.
El karma expone que por cada acción que un individuo realiza tendrá una reacción.
El karma se usa para mejorar las actitudes y las intenciones, ya que, devuelve las malas acciones obedeciendo como a una ley divina.
El karma tiene leyes que conectan con la psicología humanista. Algunas de ellas serían las siguientes:


Ley de causa y efecto:

Esto quiere decir que vamos a cosechar en nuestra vida, aquello que hayamos sembrado. Lo que ponemos en el mundo/sociedad es lo que vuelve a nosotros. La energía negativa enviada a otros volverá de nuevo a nosostros. Cada acto tiene una consecuencia aunque no lo veamos
de manera exacta cuando actuamos.


Ley de la humildad:

Cuando aceptas la realidad, consigues que se deje de repetir el problema. Aceptar que estamos implicados en nuestros sufrimientos nos libra de mantenernos en la misma inercia. A esto se le llama actitud de humildad.


Ley del crecimiento:

El ser humano no nace hecho sino que puede crecer y mejorarse a sí mismo, cuando uno se da cuenta que tiene envidia y celos y se dice que puede mejorarse así mismo centrándose en sus actitudes propias. Estará dentro de la senda de crecimiento personal.


Ley de responsabilidad:

Eres responsable de tus elecciones, de tus errores y de tus éxitos. Según las leyes del Karma todo aquello que nos sucede es un reflejo del propio interior. La felicidad es una consecuencia de haber sido responsables en nuestra vida.


Ley del enfoque:

No se puede pensar en dos cosas al mismo tiempo. Tenemos que entrenar nuestra atención e ir poniéndonos pequeñas metas para ir subiendo peldaños. Cuando aparece un problema podemos pensar en ajustar nuestra mirada al mundo exterior y ver esa vicisitud como una oportunidad.

Ley del aquí y ahora:

El ser humano necesita estar en el presente cuando hay un exceso de pasado acontece la depresión y cuando hay un exceso de futuro viene la ansiedad por lo que nos tenemos que centrar en el aquí y el ahora.

*Cumpliendo con estas leyes, la persona va a encontrar una guía para la convivencia con los demás y podrá encontrar una satisfacción en su vivir.

Sergio García Soriano es psicoterapeuta en Madrid y El Escorial.

Abecedario de la Psicología: Jaqueca

El psicólogo Sergio García Soriano continua su Abecedario de la Psicología en EFEsalud y llega a la letra “J” para darnos nociones básicas sobre las jaquecas, intensos dolores de cabeza

La jaqueca tiene como síntoma principal el dolor de cabeza intenso.

El 80 por ciento de ellas son sin aura y empiezan unilateralmente para después difundirse por el resto de la cabeza.

El dolor es “palpitante” y puede cursar con náuseas, vómitos, y molestias por la luz.

Los episodios duran de 4 a 72 horas. La investigación no ha descubierto enfermedad orgánica.

La jaqueca con aura representa el 20 por ciento, siendo el aura una señal que anuncia el dolor a veces junto a visión en blanco y negro, luces intermitentes y olores peculiares. De nuevo se puede asociar con vómitos y evitación de la luz por molestia.

Sergio García psicólogo
El psicólogo Sergio García Soriano/Foto cedida

El aura visual tiene dos expresiones:

  • Presencia de brillos en zig-zag.
  • Pérdida visual parcial.

Pueden durar entre 8 y 12 horas. Las mujeres las padecen tres veces más que los hombres y tienden a heredarse y usualmente comienza antes de los 40 años de edad.

En la psicoterapia descubrimos que lo que podría mantener y dificultar está patología son todos los intentos que la persona pone en marcha para erradicarlos.

Las principales soluciones intentadas que no funcionan son la evitación, las precauciones. Las personas esperan de forma angustiosa la posible aparición de un nuevo brote, lo que genera una profecía autocumplida, volviendo a sucederles.

Entrevista sobre el Negacionismo y los Antivacunas

El Confidencial entrevista al psicólogo Sergio García Soriano sobre el negacionismo y los antivacunas.

1) Podemos entender que hace unos meses, frente a la novedad de una vacuna contra el coronavirus, hubiese un cierto porcentaje de la población que tuviese miedo a inoculársela, pero, ¿qué lleva a la gente a seguir defendiendo ahora (y en los próximos meses) que son un invento o que no funcionan mientras los datos de contagios bajan, las medidas se relajan y las UCIs se vacían?

Se puede entender porque no es una cuestión de sentido común si no que el nódulo de la conclusión es afectivo. Los argumentos no les importan, son negacionistas algunos de ellos por convicción emocional, en muchos casos es un sentimiento. En otras ocasiones, es también una “política de lo contrario” defienden en público un razonamiento y sin embargo, algunos de ellos se han vacunado por lo que esa defensa a ultranza puede ser una “mascarada”. Un razonamiento impostado para estar de acuerdo con sus líderes o con personas que a las que ellos admiran o que son importantes dentro de su círculo social.


2) Las personas que defienden que las vacunas no funcionan, o que son un mecanismo de control, o que nos inyectan chips… ¿Seguirán defendiendo lo mismo en el medio/largo plazo cuando la realidad niegue lo que creen y no hayan sido controlados por nadie?

Sí lo seguirán manteniendo independientemente de lo que pase en “la realidad”, si lo pensamos en términos futbolísticos serían más fácil de comprender. ¿Si tu equipo queda el último en la liga dejarías de ser un fororo del mismo? ¿Si la directiva de tu equipo fuese corrupta afectaría a tu adhesión como aficionado deportivo?

Además de esto, también sabemos que no “aceptan” la evidencia científica como “desplazamiento”, están negando otra situación que pertenece al  ámbito de lo afectivo. Mi madre muere de coronavirus, no acepto la muerte de mi madre pero lo que exhibo es que no acepto la evidencia científica relacionada con el virus. El caso del famoso cantante nos serviría como ejemplo.



3) Creer en teorías de la conspiración es algo que viene de lejos y ha ocurrido con muchísimos temas diferentes. ¿Hay un perfil de persona que tiende a seguir este tipo de teorías?

No hay un tipo de personas más propensas hacia ello. En un principio se pensaba que eran personas incultas o sin estudios o con dificultades para acceder a la información. Sin embargo, lo que se ha visto es que existen en todas las clases sociales y en los diferentes grados académicos o formativos. Atraviesa el cuerpo social de un país de manera transversal porque tiene que ver con lo afectivo no con las “capacidades mentales”.



4) Defender a toda costa un pensamiento irracional o fácilmente desmontable es algo que, de un modo u otro, nos ha pasado a todos. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestros errores? ¿Por qué nos aferramos a nuestras creencias frente a lo que nos cuestionan con razón?

El ser humano no piensa con las neuronas piensa con los “grupos de referencia”, y las opiniones que tenemos nos dan una identidad, cambiar de opinión nos exige un grado de humildad y también  nos orienta o desorienta en relación a quien es nuestro “líder” o nuestro “grupo de referencia imaginaria”. Al reconocer un error o adherirnos a un avance nos somete en ocasiones a un conflicto de lealtades sobre lo que me enseñaron en casa o lo que aprendí entre amigos o con aquel profesor…además, defender una teoría de la conspiración me saca de lo que piensa la mayoría de la personas y me da un grado de “superioridad moral” frente a los demás. Por lo tanto se satisface una perspectiva elitista, “soy más listo que el resto” “he sido elegido entre otros pocos para conocer la verdad”

Nos aferramos a nuestras creencias porque nos dan una identidad y nos permiten esta satisfacción psíquica que acabo de comentar. Por otro lado, defender un sentimiento es más fácil que defender un argumento científico, la emoción tiene menos aristas es una cuestión de fe. Lo científico no llega a conclusiones rápidas y a veces, es menos fácil de comprender por su complejidad y porque los nuevos elementos que se van incorporando a su desarrollo se circunscriben  a un campo de estudio delimitado y no permite extrapolar algunas de sus deducciones de manera automática a cualquier otro campo que no sea el estudiado.



5) A pesar de estas excepciones, la intención de los españoles de vacunarse frente a la COVID-19 ha crecido del 32% al 83% en un año y somos uno de los países con mayor nivel de aceptación a las vacunas. ¿A qué puede deberse esta diferencia positiva con países cercanos como Francia, por ejemplo?

Las campañas de vacunación en España han sido permanentes desde hace décadas por todas las administraciones. Somos un país que tiene una cultura de la vacunación elevada, se sufrió mucho con la polio y todos vimos de primera mano la efectividad de las vacunas. Siendo en la actualidad solicitadas cartillas vacunales en algunos colegios como requisito de inscripción formando parte de nuestro acervo cultural.

Por otro lado, la relación de confianza entre médico y paciente es elevada por nuestra sanidad gratuita y universal. Si acudimos a la historia, podemos ver como en la España rural del siglo XX. El cura, el maestro y el médico/ boticario eran las voces más reconocidas y respetadas habiendo llegado hasta nuestros días el discurso médico como uno de los más potentes. Siendo el discurso médico el quinto poder después del periodismo.



6) ¿Cuál es la mejor forma de afrontar una conversación con alguien que piensa algo totalmente irracional? ¿Tratamos de desmontar con datos las afirmaciones de un terraplanista (por ejemplo) o debemos dejarlo por imposible?

La mejor forma de afrontar una conversación con alguien, es no pensar que dice cosas “irracionales”. El delirio tiene una función en cada delirante y todos podemos delirar en menor medida o en determinados temas en los que somos susceptibles. Si aceptamos un debate con un “terraplanista” se va a producir una polarización de lo que él piensa y no vamos a conseguir nada excepto exacerbar su argumento y el nuestro.

La mejor manera de desmontar un delirio es no querer desmontarlo. Generar un vínculo, hablar de otras cosas, generar afinidad en otros temas y poder ser una figura referente para él o ella y si él o ella alguna vez quiere cambiar de opinión ya le hemos mostrado el camino de manera indirecta pero lo tiene que recorrer el sujeto tomando su decisión. Mostrarle su equivocación le va a reforzar en su opinión previa (entropía).

Los antivacunas, frente a la evidencia: ¿qué argumentarán cuando todo acabe?

Colaboro en este interesante artículo junto a José Antonio Luengo, decano del Colegio de la Psicología, para El Confidencial.

Los datos del cambio de tendencia de la pandemia tras la llegada de las vacunas deja en evidencia a los conspiranoicos. ¿Qué les lleva entonces a seguir diciendo que no funcionan?

Por Miguel Núñez. 04/07/2021.

El anuncio de la llegada de una vacuna contra el coronavirus fue todo un soplo de esperanza para la mayoría de los españoles. A pesar de que en julio del año pasado las personas que afirmaban estar dispuestas a vacunarse contra el covid-19 no llegaba al 45%, las reticencias y la desconfianza han ido desapareciendo un año después. No hay duda de que España es, a día de hoy, uno de los países que más confía en la vacunación y mejores coberturas está logrando en los rangos de edad que van más avanzados.

A pesar de estos datos de confianza, sumados al descenso claro de contagios y mortalidad por coronavirus al tiempo que las medidas de control se van flexibilizando, sigue habiendo una minoría que se empeña en defender la línea negacionista, argumentando bulos como que son un invento y una estafa de las farmacéuticas, que no está demostrado que funcionen o que causan otro tipo de enfermedades, entre otros muchos. Es comprensible que hace unos meses, frente a la novedad, hubiese un cierto porcentaje de la población que tuviese miedo a inoculársela, pero, ¿qué lleva a la gente a seguir defendiendo estas teorías frente a la evidencia clara de su importancia?

“Los seres humanos manejamos diferentes estrategias cognitivas para reaccionar de manera rápida a las situaciones que generan incertidumbre. A este mecanismo de respuesta, que es adaptativo y muy extendido, se le denomina en Psicología Social ‘sesgos cognitivos'”, explica José Antonio Luengo, psicólogo educativo y sanitario y Decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. “En el caso que nos ocupa, dos son los sesgos que operan de manera notoria: el sesgo de confirmación, por el que tendemos a asociarnos de manera intensa con aquellas teorías que se relacionan positivamente con el resultado de nuestros análisis e ideas iniciales, sin necesidad de contrastes o revisiones sobre la verosimilitud de aquellas, y la denominada ‘ilusión del conocimiento’, que nos hace pensar, de forma notoria y expansiva, que pocos hay en nuestro entorno que sepan más de esto que yo mismo, que me documento en las ‘mejores fuentes de la información y el conocimiento…'”

Por su parte, la Doctora en Psicología Margarita Aznar, añade que frente estas afirmaciones irracionales hay que tener en cuenta que “los seres humanos tenemos un poderoso sistema de defensas, por lo que, si hemos empleado en algo muchísima energía y tenemos que desdecirnos, eso puede afectar a la estructura de nuestra valoración personal, hay que asumir el error, la vergüenza… y entonces en muchos casos se niega la evidencia de forma descomunal incluso disociándose en el discurso”.

Sumado a lo anterior, el psicólogo Sergio García destaca la parte de esas personas que no aceptan la evidencia científica como método de ‘desplazamiento’, negando realmente otra situación que pertenece al ámbito de lo afectivo: “Mi madre muere de coronavirus, no acepto la muerte de mi madre, pero lo que exhibo es que no acepto la evidencia científica relacionada con el virus”.

La principal duda para los próximos meses es si las personas que defienden estos posicionamientos claudicarán o no frente a la evidencia. García Soriano cree que seguirán manteniendo sus postulados independientemente de lo que pase en la realidad: “Si lo pensamos en términos futbolísticos es más fácil de comprender. ¿Si tu equipo queda el último en la liga dejarías de ser un forofo del mismo? ¿Si la directiva de tu equipo fuese corrupta afectaría a tu adhesión como aficionado al club?”.

José Antonio Luengo sí cree que los denominados ‘negacionistas’ tendrán ‘bajas’ según vaya observándose de forma objetiva que la situación mejora sensiblemente: “Pero no debemos perder de vista que es más que probable que la denominada y casi olvidada normalidad tardará en llegar, con algunas incidencias que sirvan de operativa de afianzamiento de las posturas iniciales. Hablamos del ‘sesgo de elección’: una vez que optamos y elegimos nuestra posición, nos cuesta ‘Dios y ayuda’ cambiar la misma, aunque nos pongan ante nuestros ojos evidencias poco contestables”.

El perfil del negacionista

Defender a toda costa un pensamiento irracional o fácilmente desmontable es algo que, de un modo u otro, nos ha pasado a todos. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestros errores? ¿Por qué nos aferramos a nuestras creencias frente a lo que nos cuestionan con razón? “El ser humano no piensa con las neuronas, piensa con los ‘grupos de referencia’. Las opiniones que tenemos nos dan una identidad, cambiar de opinión nos exige un grado de humildad y también nos orienta o desorienta en relación con quien es nuestro “líder” o nuestro ‘grupo de referencia imaginaria’. Reconocer un error o adherirnos a un avance nos somete en ocasiones a un conflicto de lealtades sobre lo que me enseñaron en casa o lo que aprendí entre amigos o con aquel profesor…”, explica García Soriano, destacando que siempre es más fácil defender un sentimiento que un argumento científico, porque la emoción tiene menos aristas y una menor complejidad.

Fuente: iStock
Fuente: iStock

Al circunscribirnos exclusivamente a los antivacunas frente al coronavirus es inevitable recordar que las teorías de la conspiración no son algo nuevo, ha ocurrido en épocas muy diferentes y con asuntos muy diversos. Quizás exista un patrón o un perfil de personas más propensos a seguir este tipo de teorías. “Probablemente, personas inseguras, dominadas por incertidumbres y miedos creados más por su imaginario que por la realidad objetiva“, sostiene Luengo. “Personas influenciables por las noticias ‘explosivas’ y crédulas con la primera teoría o explicación que simplifica la realidad y dibuja un escenario distópico, sin argumentos científicos razonables. Personas que ahondan en mundos cargados de tejidos esotéricos…”

¿Ignorar o tratar de convencer?

Al encontrarnos con este tipo de argumentos siempre se nos plantea la duda de cómo abordar el discurso irracional. Imaginemos el encuentro con un amigo de un amigo que resulta ser un firme defensor del terraplanismo, ¿deberíamos tratar de desmontar con datos sus afirmaciones o es mejor no entrar en conflicto y dejarlo por imposible? “Es una buena pregunta… Mi experiencia me dice que no conseguimos demasiado con la exposición de argumentos que intentan contrarrestar opiniones y creencias como las que son de referencia en este tema”, sostiene Luengo. “Creo, no obstante, que debemos contraargumentar, pero adoptando una postura discreta, respetuosa y sencilla. Y no dedicar mucho tiempo. Solo el justo para exponer de forma tranquila nuestra opinión”.

“La mejor manera de desmontar un delirio es no querer desmontarlo”

Para el psicólogo Sergio García la mejor forma de afrontar una conversación con alguien es no pensar que dice cosas “irracionales”. “El delirio tiene una función en cada delirante y todos podemos delirar en menor medida o en determinados temas en los que somos susceptibles. Si aceptamos un debate con un terraplanista se va a producir una polarización de lo que él piensa y no vamos a conseguir nada excepto exacerbar su argumento y el nuestro. La mejor manera de desmontar un delirio es no querer desmontarlo. Generar un vínculo, hablar de otras cosas, generar afinidad en otros temas y poder ser una figura referente para él o ella y si él o ella alguna vez quiere cambiar de opinión ya le hemos mostrado el camino de manera indirecta. Mostrarle su equivocación le va a reforzar en su opinión previa“.

Una rara avis

Como decíamos al inicio, y como buena noticia final, este tipo de posturas son siempre minoritarias, pero especialmente nuestro país que, a diferencia de Francia, tiene unas cuotas de aceptación a las vacunas muy alta. En el país galo, las cosas son algo diferentes. Como explicó a El Confidencial el sociólogo Jocelyn Raude “los estudios internacionales muestran desde hace años que los franceses son los que más se oponen a vacunarse en el mundo”. ¿A qué puede deberse esa importante diferencia entre países vecinos?

Punto de vacunación en el estadio Wanda Metropolitano. (EFE)
Punto de vacunación en el estadio Wanda Metropolitano. (EFE)

Para entender la vertiente francesa, el propio Raude explicaba que el país vecino, tras haber sido durante décadas una sociedad favorable a las vacunas, que erradicaron enfermedades como el sarampión o la polio, este apoyo cambió a partir de principios de los 2000. Una serie de campañas de vacunación y escándalos como el de Mediator, un medicamento contra la diabetes considerado responsable de miles de muertes, acompañadas de agresivas campañas en redes de los colectivos antivacunas, modificaron la tendencia.

Volviendo a nuestro país, José Antonio considera que la buena situación de los españoles frente a los antivacunas es gracias, en su opinión, a la alta calidad de nuestro sistema sanitario que provoca un elevado nivel de confianza en nuestros médicos y especialistas. García Soriano considera que “las campañas de vacunación en España han sido permanentes desde hace décadas por todas las administraciones. Somos un país que tiene una cultura de la vacunación elevada. Se sufrió mucho con la polio y todos vimos de primera mano la efectividad de las vacunas. Siendo en la actualidad solicitadas cartillas vacunales en algunos colegios como requisito de inscripción formando parte de nuestro acervo cultural”.

En definitiva. Nadie está a salvo de estar alguna vez en la posición de defender lo indefendible. El trasfondo psicológico y social por el que se puede llegar a negar la necesidad de la vacuna frente a los datos no es muy diferente a otros razonamientos mucho más cotidianos y extendidos. Entender los motivos y analizar la mejor forma de rebatirlos es el remedio correcto contra ellos.

Abecedario de la Psicología: Ideal del yo

Sergio García Soriano prosigue en EFEsalud su Abecedario de la Psicología, y llega a la letra I, para establecer algunas reflexiones sobre el “Ideal del yo”

Para poder entender el término “Ideal del yo” primero tenemos que saber qué es el “superyo”, ya que es una parte de él, una parte de la personalidad relacionada con las altas expectativas.

En nuestra “psiquis” hay una serie  de normas que hemos ido incorporando a lo largo de nuestro desarrollo.

Las personas a las que admiramos, tememos, respetamos o amamos durante nuestra infancia o crianza nos enseñan y tomamos de ellos/as indicaciones que nos parecen aceptables para nuestra vida, y por ello, les emulamos.

Nuestra “ley interna” finalmente se construye de esta manera y vertebra sin darnos cuenta nuestro mundo. Aquello que nos dice lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que evitar, cómo tenemos que actuar.

Debido a esta instancia, somos capaces de convivir y de no matarnos, o de sí matarnos, de ir a trabajar todos los días aunque  tengamos pereza, esperar a que sea el momento adecuado para satisfacernos sexualmente o no entrar en una rotonda cuando me dé  la gana sino cuando sea conveniente por el tráfico.

En definitiva, postergamos nuestras necesidades individuales  hasta que podamos realizarlas.

No tendremos sexo con un compañero/a del trabajo que ese día consideramos atractivo; y esperaremos para comer a acabar la jornada matutina.

Sin embargo, podemos ver que en muchas depresiones, ansiedades, autoritarismos, sentimientos de inferioridad o conductas rígidas aparece este exceso llamado “Ideal del yo”.

Sergio García psicólogo
El psicólogo Sergio García Soriano/Foto cedida

Y sería cuando reunimos una serie de objetivos que nos obstinamos en hacer aunque no tengamos la base
necesaria para acercarnos a ellos, o ni siquiera estemos convencidos de que sean nuestras metas.

Es la persona que tengo que ser o la persona que he creído ser bajo la “expectativa” de los demás, los seres queridos.

Me alejo de mi interés para constituirme por la exigencia de los demás. Una familia de literatos que sacan sobresaliente en “lengua y literatura” y si el hijo obtiene estos resultados en “matemáticas” piensa que no es inteligente porque en casa le enseñaron a valorar otra asignatura.

O el estudiante  que llora amargamente porque ha obtenido un 9,25 en un examen y él estudió para un 10.

Solo se puede solucionar esta sintomatología con psicoterapia y flexibilizando esta parte de la forma de ser que está haciendo que se tenga una vida diseñada por otras personas y ajena a la propia realidad personal.