Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Él: Hice una encuesta entre todos mis amigos y me han dicho que la deje, que no me hace feliz.

Ella: Pero ¿por qué le tienes que contar nada de mí a tus amigos?

Él: Pues no lo sé, yo soy así. Y todos sin excepción piensan que nos tenemos que divorciar.

Psicoterapeuta: ¿Quizás lo piensas tú y se lo haces decir a ellos? ¿Quienes son ellos?

Él: Pues la mayoría son empleados, les digo anoche discutí con mi mujer por esto, ¿a qué tú no aguantarías más y te divorciarías?

Ella: Cualquiera te lleva la contraria, les das la pregunta y la respuesta. Pero que si me quieres dejar pues dilo en primera persona, no pongas la excusa de tus amigos.

Él: Yo quiero que me dejes vivir, que no me mires el móvil, que no me investigues, que me dejes tranquilo porque no aguanto mas, me tratas como a un crío de párvulos.

Ella: es que te comportas muchas veces como un crío. Y ningún doctor te va a decir que te separes de mí, yo tengo cosas que mejorar es verdad, pero tú…¿empiezo? solo vives para trabajar. Llegas y te olvidas de mi cumpleaños, me hago un esguince y no me llevas a urgencias, es Navidad y no quieres cenar con mis padres pero si quieres que yo cene con los tuyos, es la ley del embudo. (Llora) Y encima venimos aquí y eres tú el que te quieres separar de mí en vez de ser yo la que lo pida. Esto es el colmo.

Él: Cuando llora parece que tiene razón pero no es verdad, ya nos conocerá. Cuando llora es que ha perdido la razón y le quiere convencer para manipularle.

Psicoterapeuta: Gracias por avisarme, tiene muy estudiada a su mujer a cada gesto que hace, le atribuye una intención.

Él: La conozco muy bien.

Ella: No me conoce.

Psicoterapeuta: llevan 15 años juntos y no se conocen, es verdad. Conocen el prejuicios sobre el otro. Sigan desconociéndose porque se conocen demasiado (sus propios prejuicios).

Imagen: Raymond Daussy (1919-2010), Dos personajes en un callejón. Óleo sobre lienzo, 55 x 46.5 cm, Colección paticular.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Hombre traído por su hija: Que no, no me siento, que no me pasa nada. Que les pasa a ellos que son muy pesados. Yo tengo a la virgen del Carmen en mi pecho y llevo las instrucciones que me dio el último psicólogo en la cartera. ¿Qué mas quiere de mí? No me voy a sentar. Dígale a mi hija que estoy bien y que no lo necesito. Si usted es bueno, dígaselo. Ya vi que le dieron un premio pues haga lo que le digo, he venido un día y ya está bien, ve como estoy bien. Mi hija cree que estoy mal desde que murió mi esposa y me jubilé pero no es verdad. Discuto mucho con ella pero es que lleva una vida que no me gusta y creo que mi hija no me cae bien.

Psicoterapeuta: ¿Qué edad tiene su hija?

Hombre traído por su hija: 38 años, sí pensará que es mayorcita pero para mí no lo es. Lleva viviendo con un pelanas 5 años y lo llevo fatal, ¿qué hace mi hija con un bohemio? Y digo bohemio por no decir otra cosa…quieren tener descendencia pero no pueden, pero ¿cómo va a tener un hijo de ese “tontolaba”?

Psicoterapeuta: ¿Quiere elegirle la pareja a su hija con 38 años?

Hombre traído por su hija: Pues si su madre levantase la cabeza se moriría del disgusto. Toda la vida trabajando para morirse así y que nuestra única hija tenga un síndrome porque es ella quien debería de estar aquí y no yo. Ella dice que discuto por todo pero es que ella es lo único que tengo. De vacaciones con ella, Navidades también, siento amor y odio al mismo tiempo.

Psicoterapeuta: ¿Le gustaría ser el marido de su hija?

Hombre traído por su hija: Pues de alguna manera sí. Ayer veía una serie en Neflix y la niña le pedía matrimonio a su padre jugando. Cuando mi hija me idolatraba fui el hombre y el padre mas feliz del mundo, tenía a mi mujer y a mi hija. Ahora es como si hubiesen muerto ambas, mi mujer y mi hija…(llora) No la reconozco tan arreglada, hasta se ha operado los pechos…es todo muy raro. Quiero volver al pasado que vuelva mi mujer y mi hija. Esta no es mi hija (llora y se sienta en la silla).

Imagen: Juan Araujo, Casa de Vidrio nº6, 2006. Óleo sobre tabla, 43 x 28,2 cm, Tate Gallery, Londres

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. Ficción.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. Ficción.

Rodrigo llegó y apenas se pudo sentar en el sillón por su gordura traía a su hijo de 6 años que no paraba de no estarse quieto. Y jugar con algunos elementos de la sala infanto juvenil.

Rodrigo: Doctor, quiero saber si es esto un niño.

Psicoterapeuta: ¿Y si no es un niño qué es?

Rodrigo: Es normal que no para ni de noche ni de día, se pasa el día silvando y desobedeciendo como se apellida Silva en clase cada vez que dicen su apellido pues él silva y le echan de clase. Es un problema grave. Nunca se quiere despertar a su hora.

Psicoterapeuta: ¿Cómo le levantan? ¿Qué le dicen?

Rodrigo: Pues que se despierte que es la hora.

Psicoterapeuta: ¿Le llaman por su nombre?

Rodrigo: nunca lo había pensado como se llama igual que yo e igual que mi padre, le decimos “ito” como de “Rodriguiíto” pero nos gusta dar las órdenes y que las sigan. ¿Es normal que te hagan caso a la tercera? Yo llevo una empresa con mas de 50 trabajadores y si no me hacen caso les abro un expediente y les despido. Pero a mi hijo no lo puedo despedir aunque a veces me dan ganas.

Psicoterapeuta: ¿Con su mujer sucede lo mismo?

Rodrigo: No, es peor, le tiene cogida la medida y no se hace con él. Vamos a tener que llamar a servicios sociales si sigue sin llegar a su hora a la clase. Para él, es como si no existiésemos. Tenemos una interna y le hace un poco mas caso pero tampoco se crea que mucho mas. Y es nuestro primer hijo, es que a mi mujer no la convenzo para tener más. Con este es suficiente dice que vale por dos o tres. ¿Le podría traer a la interna para que le dé pautas y le ayude a llevarle mejor? es que está muy perdida también aunque es educadora de profesión.

Psicoterapeuta: ¿Quiere que ayude a su interna a educar a su hijo?

Rodrigo: Sólo si usted lo considera. ¿Qué pasa que solo lo puedo hacer yo o su madre? Nosotros ya hemos desistido. Mírele, mírele no para ni un minuto.

Psicoterapeuta: está jugando con una peonza ¿por qué le irrita tanto?

Rodrigo: Tendría que estar sentado aquí con nosotros hablando, prestando atención, mirándonos a la cara igualo que hacía yo con mi padre. Fuimos al colegio del Pilar y aquello era como dios manda, ahora esto es un desastre. ¿Tengo que cambiarle de colegio?

Psicoterapeuta: Tiene una idea muy precisa sobre qué es comunicarse con un niño de 6 años. Puede dejar la semana que viene al niño con la interna y seguimos hablando a esta misma hora.

Imagen: Tetsuya Ishida, Máquina de ejercicios, 1997. Acrílico sobre lienzo, Colección particular.

Los rebrotes de coronavirus y la reverberación emocional

El psicólogo Sergio García escribe un nuevo artículo en EFEsalud en el que analiza el efecto de los rebrotes del coronavirus en aquellas personas que han sufrido y sufren el “síndrome de la cabaña” y tienen un fuerte temor a salir de casa

En nuestros días sigue habiendo bastantes dificultades en conocer cuál es la realidad y cómo situarnos frente a la misma. A veces, son nuestros miedos los que deciden por nosotros sin tener en cuenta la dimensión social de la “nueva normalidad”.

En primer lugar los medios nos arrojan informaciones sobre numerosos “rebrotes” pero ¿qué es un rebrote exactamente?

Según explicaba la investigadora del CSIC Margarita del Val en los Cursos de Verano del Escorial, “serían numerosos casos de contagio en un lugar concreto”.

Por tanto, independientemente de la estadística que arroja un crecimiento de la transmisión del virus, la palabra rebrote no llega a afinar lo necesario frente a un tema que genera tanto miedo.

Frente a esto, tenemos que saber que cada persona es diferente y que cada uno esta en diferente fase en relación a como percibe la enfermedad y su padecimiento.

¿Qué queremos decir? Pues que pese a que la nueva normalidad se nos ha impuesto, hay personas que se han quedado ancladas en fases anteriores, que bien por una experiencia traumática (generalmente muerte de familiar o estar en la primera línea de atención del virus) o por un exceso de pensamientos sobre el tema, viven el día a día con un exceso de angustia y que toman las medidas de seguridad con una alta labilidad emocional que desnaturaliza cada situación de salida al exterior.

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Sergio García recoge un premio del Consejo de Psicólogos de Madrid por su colaboración en el programa de radio de “El Bisturí”, de EFEsalud/ Foto facilitada por el psicólogo +

Es aquí donde aparece el síndrome de la cabaña, que sería el correlativo físico y mental del miedo a salir de casa, debido a que el confort del hogar ha sido durante varios meses sentido como protector y ahora hay que delimitar este sentimiento para poder hacer vida social y laboral presencial.

¿Qué nos sucede ahora? Pues existen las “reverberaciones emocionales”, que la palabra rebrote o las informaciones de personas que se saltan las normas de seguridad necesarias para evitar el contagio, nos llevan a una sensación de malestar y sentimos que se ratifica nuestro punto de vista de que el entorno es muy peligroso.

Y en este contexto, desechamos los elementos de seguridad existentes y nos inunda un sentimiento catastrófico del mundo. Esta sesgo se denomina “de autoconfirmación” y pone el foco de nuestra atención sobre aquello que previamente ya nos tenía convencidos. De tal manera que surje la “infodemia” la intoxicación con información rigurosa o falsa sobre un mismo tema. Es decir, uso las “informaciones” de mi alrededor para asustarme y paralizarme.

Soluciones

La angustia y sus reverberaciones tiene que ser trabajadas con un profesional de la psicología pero puede empezar moderando y delimitando la ingesta de un mismo contenido.

Segundo, pongamos el foco fuera de nosotros, dejemos de observarnos tan intensamente y mantengamos algunos compromisos familiares o sociales con las medidas necesarias para evitar el contagio.

Y por último, legitimemos ese miedo, reconozcámoslo para añadirle nuevas frases constructivas que nos permitan salir de ese estado anímico.

Los próximos meses no serán una línea recta hacia la mejoría o hacia la antigua normalidad, entenderlo y aceptarlo será una de las herramienta para eliminar esos sentimientos de ansiedad.

DESCUBRÍ UN PROGRAMA EN “DKISS”

DESCUBRÍ UN PROGRAMA EN “DKISS”.

“Mi vida con 300 kilos” es un reality que sigue a las participantes durante varios meses en su vida diaria con la cámara. Bajo supervisión médica.

Objetivo: perder peso para salvar la vida. Novedad que aporta: cuando el paciente habla con el terapeuta, jura y perjura no comer entrehoras y dice seguir a rajatabla las prescripciones dadas la semana anterior. Sin embargo, la cámara desmonta este argumento.

Concluimos: el humano se desconoce y tiene comportamientos que le pasan desapercibidos porque los ve nimios o intrascendentes, se puede engañar a sí mismo de tal manera que en algunos casos esta situación puede llevarle a la muerte.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. (FICCIÓN)

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN).

Cuando Beatríz llegó a consulta venía de parte del endocrino. Acudía llorando porque iba a perder lo conseguido, los kilos adelgazados o se planteaba también el divorcio.

Beatriz: cuando me enamoré de él, era un encanto. Nos queríamos mucho. Yo no tenía está montaña rusa que tengo ahora. ¿Puedo ser bipolar?

Psicoterapeuta: ¿Qué es bipolar?

Beatríz: Un día bien y otro mal, como un adolescente. Bueno, todo comenzó a ir mal al casarnos, él se pensó que yo era suya y dejamos de salir al cine, con amigos, solo quería estar conmigo en la casa y tener hijos. Era muy absorbente. Me quería para él solo. Y la pelea con mi padre y mi madre por esto. Nunca se han tragado ni él a ellos ni ellos a él. Cuando mi padre murió y enfermó él no se portó bien, no entendía que me fuese 2 días seguidos al hospital o a la residencia a cuidarle. Luego, mi padre murió y siento rabia porque no me apoyó.

Entré dentro de un programa de adelgazamiento, comencé a engordar al casarme, a mi marido le gustan rollizas, con curvas, me decía siempre. Pero al morir mi padre me ahogaba y quise adelgazar empecé un programa médico para conseguirlo y mi marido cada día mas enfadado. Sus celos pararon con mi gordura pero cada vez que estoy mas delgada me lo recrimina y me dice que será para ver al médico ese. Bueno, de hecho estoy aquí sin que él lo sepa.

He perdido 30 kilos y mis vaivenes emocionales hacen que tenga mas hambre pero es un hambre de morder a mi marido, de darle un grito, de decirle ya está bien de gilipolleces…lo peor es que le quiero pero no le gusta que esté guapa porque piensa que me voy a follar a todo el mundo, hasta llama a mi trabajo para ver con quien estoy. Ha traspasado todo lo habido y por haber y no sé que hacer si mandarle a la mierda o volver a engordar para que me deje en paz.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN). NOS PEGAMOS.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. FICCIÓN. NOS PEGAMOS.

Acuden a consulta dos hermanas de aproximadamente 40 años, muy parecidas.

Marta: Mire nosotras nacimos en el mismo año aunque no somos gemelas, siempre fuimos a las mismas clases, mismo colegio y de pequeñas nos pegábamos. Era muy divertido. Teníamos la misma fuerza y era como ir al gym.

Virginia: Yo nunca lo vi tan divertido pero es verdad, me recuerdo pegándonos y haciendo las paces. Círculo vicioso, círculo vicioso.

Marta: Nos hemos casado en el mismo año y nuestros maridos son primos hermanos y seguimos queriéndonos mucho, vivimos en el mismo lugar. a dos calles la una de la otra, siempre fuimos mejores amigas.

Virginia: Y mejores enemigas también.

Marta: Al grano, con 16 años decíamos vamos a pegarnos y hacíamos del salón un cuadrilátero. Era un ring, mientras que papa y mama trabajaban nosotras nos pegábamos.

Psicoterapeuta: ¿Todos los días?

Virginia: No una vez a la semana.

Psicoterapeuta: ¿Y también con mas personas?

Marta: No nunca, somos muy pacíficas. O muy de te voy a decir la verdad a la cara, pero nunca llegamos a las manos con nadie.

Virginia: No somos agresivas incluso no nos pegábamos por maldad, no sé era cómo pensar que seguíamos siendo niñas y podíamos perder el control un poco.

Marta: A los 20 años, dejamos de hacerlo, nos daba vergüenza. Ya éramos mayores y con mucha fuerza. Nos costó olvidarlo pero lo conseguimos.

Virginia: Dile lo de ahora.

Marta: Bueno…que nos hemos vuelto a pegar pero con motivos y no paramos, empezamos y no paramos, llegamos a las manos.

Psicoterapeuta: ¿De forma espontánea?

Marta: Ya no quedamos para pegarnos pero cuando nos enfadamos empezamos y no podemos parar ¿qué pensarán los vecinos?

Virginia: Y nuestros maridos ya no pueden mas.

Marta: ahora es por cabezotas, por querer controlarnos y no poder, cuando lo cuento parece una tontería pero cuando se vive es muy desagradable. Me presento a unas elecciones, voy de cabeza de lista… y ella me dice que no me vota, que es apolítica. Y yo la digo “pues si no convenzo a mi propia hermana voy a perder” y la argumento y se me pone chula y empezamos y no podemos parar…

Virginia: es increíble porque lo cuentas y nadie se lo cree pero es así.

Psicoterapeuta: ¿Se tienen envidia?

Marta: ya lo hemos pensado pero ¿qué hacemos con la envidia? ¿Cómo la eliminamos?

Virginia: Yo a veces, siento una punzada cuando a ella la va bien pero tampoco sé qué hacer con eso. ¿Tiene solución? ¿Estamos de atar, verdad?

Lawrence Alma-Tadema, Impaciente, 1867. Acuarela, 19.5 x 14.5 cm. Colección particular.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN). JOVEN.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN)

JOVEN: a ver, les has dicho a mis padres que se comuniquen mas conmigo, que me pregunten por las cosas que me gustan, nunca antes quisieron saber nada de mis cómics o de mis juegos de la play… problema es que ya no me castigan sin tele. Me castigan sin las cosas que me gustan. Me hacen mas caso para hacerme daño, para mejorar su castigo.

Es horrible. ¿Así es cómo me ayudas? ¿Qué les dirás ahora?

Imagen: Ramón Alva de la Canal, El café de nadie, 1930. Óleo y collage sobre lienzo, Munal, Ciudad de México.