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Bipolar en vez de «depresión»

El trastorno bipolar no es un trastorno nuevo, en las décadas anteriores se le llamaba depresión maníaca, trastorno maníaco-depresivo o ciclotimia. Estaría englobado dentro de los desórdenes del estado de ánimo.

En Estados Unidos, según la estadística, hay 17 millones de adultos (se da tanto en hombres como en mujeres) que sufren un trastorno del estado de ánimo cada año. Esto quiere decir que una persona de cada siete va a padecerlo en algún momento de su vida por lo que es probable que tengas a amigos o conocidos con este padecimiento.

En el trastorno bipolar la persona tendrá episodios de manía o “subidas” y episodios de depresión o “bajadas”, no tratándose de episodios de felicidad o tristeza motivados por razones lógicas, sino que obedecen a una dinámica propia del trastorno, no de la experiencia vivida por la persona.

  1. Cuando hablamos de manía o subidas nos estamos refiriendo a que hablan de manera muy rápida, se les nota con mayor energía, duermen menos de lo habitual y están muy optimistas frente al futuro, hacen más deporte de manera muy acelerada, les irritan en mayor medida situaciones que antes eran toleradas por ellos y aumenta su impaciencia y su temeridad. Asociado por unan gran dificultad para concentrarse. 
  2. Y cuando hablamos de síntomas de depresión queremos decir que se pierde el interés por las actividades habituales, existe una alta fatigabilidad y una tristeza muy prologada en el tiempo, se piensa que hay falta de valía personal o profesional, se pierde el apetito y se merma la capacidad de experimentar placer aumentando pensamientos relacionados con ideas de desaparecer o autolíticos.

Las personas con trastorno bipolar pueden y deben tratarse, el psicólogo debe hacer el diagnóstico. Por lo que el profesional de salud mental deberá observar el comportamiento cuidadosamente para no confundirlo con TDAHesquizofrenia, estrés postraumático, etc.

En estas personas, su percepción de la realidad está alterada. Y los afectos no se corresponden con la realidad circundante, hay una intensificación de las emociones muy llamativa.

Se va a necesitar un plan de tratamiento para averiguar qué ha sucedido en la mente de la persona para tener alteradas las sensaciones en su estado de ánimo.

Sergio García Soriano

Psicólogo. Esp clínica.

Fatiga COVID o fatiga pandémica

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado Fatiga COVID o pandémica a un cansancio mental y físico que afecta a toda la población independientemente de que haya sido contagiado o no por el virus. Si uno se siente agotado, preocupado, irritable o frustrado cambios que cursan con alteraciones del sueño, de la concentración o del apetito podemos estar ante este nuevo fenómeno psicológico. En resumen, podemos ver a personas que han unido varios factores como son el nerviosismo, la falta de motivación y una apatía o indefensión, llamamos indefensión aprendida cuando pensamos que nuestro comportamiento no tiene consecuencias sobre la realidad o la sociedad. Es decir, que hagamos lo que hagamos no es importante para nadie, no hay repercusión directa.

Esto lo que indica es que tenemos a una población que lleva 8 meses con límites a su movilidad, a su vida habitual. Límites que han pasado de ser muy estrictos a más laxos dependiendo de dónde vivamos pero que las personas han sentido como arbitrarios en los últimos meses. Al principio, hubo un sentimiento de comunidad que fue diluyéndose a lo largo de los meses y de las medidas que se estaban adoptando desde las administraciones.

Esta fatiga puede acabar bloqueándonos y puede ser explicativa de muchos de los brotes que se están produciendo a nivel mundial. En otras palabras, las personas cuando están cansadas tienden a bajar la guardia con respecto a las medidas de prevención y tienden a juntarse con otros sin respetar las medidas de seguridad, por ese deseo gregario de estar con los demás, esto a su vez produce más infecciones y que se endurezcan las medidas de prevención pero la población ahora las toma como exageraciones ya que ha acabado minimizando la impresión del número de muertos diarios en su región, fenómeno que en psicología se conoce como “habituación”.

Las recomendaciones generales serían la de mantener un estilo de vida saludable con ejercicio físico y mental diario. A la vez que nos protegemos de las noticias permanentes relacionadas con el covid. Aceptando los sentimientos que tengamos, fórmula necesaria para poder aliviarnos emocionalmente.

Por otro lado tenemos que saber, que cada uno de nosotros lleva un negacionista dentro, y se produce porque somos nostálgicos de nuestra “antigua” normalidad. De nuevo, identificarlo restará saturación a nuestro estado anímico. Por último agradece lo que tienes, piensa la vida desde lo conseguido en tu recorrido vital sin compararte y sin pensarte en términos de carencias.

No obstante, para que una norma sea cumplida necesita de un clima social que haga legítimas dichas medidas. Más aún cuando éstas son cambiantes en el corto plazo y en la geografía, por lo que la transparencia, publicidad y previsibilidad son condiciones mínimas para su realización por lo que también tendríamos que solicitar que se tome a la ciencia de la psicología social como elemento necesario e imprescindible desde las altas instancias en las tomas de decisiones.

Sergio García Soriano, psicólogo.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Él: Hice una encuesta entre todos mis amigos y me han dicho que la deje, que no me hace feliz.

Ella: Pero ¿por qué le tienes que contar nada de mí a tus amigos?

Él: Pues no lo sé, yo soy así. Y todos sin excepción piensan que nos tenemos que divorciar.

Psicoterapeuta: ¿Quizás lo piensas tú y se lo haces decir a ellos? ¿Quienes son ellos?

Él: Pues la mayoría son empleados, les digo anoche discutí con mi mujer por esto, ¿a qué tú no aguantarías más y te divorciarías?

Ella: Cualquiera te lleva la contraria, les das la pregunta y la respuesta. Pero que si me quieres dejar pues dilo en primera persona, no pongas la excusa de tus amigos.

Él: Yo quiero que me dejes vivir, que no me mires el móvil, que no me investigues, que me dejes tranquilo porque no aguanto mas, me tratas como a un crío de párvulos.

Ella: es que te comportas muchas veces como un crío. Y ningún doctor te va a decir que te separes de mí, yo tengo cosas que mejorar es verdad, pero tú…¿empiezo? solo vives para trabajar. Llegas y te olvidas de mi cumpleaños, me hago un esguince y no me llevas a urgencias, es Navidad y no quieres cenar con mis padres pero si quieres que yo cene con los tuyos, es la ley del embudo. (Llora) Y encima venimos aquí y eres tú el que te quieres separar de mí en vez de ser yo la que lo pida. Esto es el colmo.

Él: Cuando llora parece que tiene razón pero no es verdad, ya nos conocerá. Cuando llora es que ha perdido la razón y le quiere convencer para manipularle.

Psicoterapeuta: Gracias por avisarme, tiene muy estudiada a su mujer a cada gesto que hace, le atribuye una intención.

Él: La conozco muy bien.

Ella: No me conoce.

Psicoterapeuta: llevan 15 años juntos y no se conocen, es verdad. Conocen el prejuicios sobre el otro. Sigan desconociéndose porque se conocen demasiado (sus propios prejuicios).

Imagen: Raymond Daussy (1919-2010), Dos personajes en un callejón. Óleo sobre lienzo, 55 x 46.5 cm, Colección paticular.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Diario de un psicoterapeuta. Ficción.

Hombre traído por su hija: Que no, no me siento, que no me pasa nada. Que les pasa a ellos que son muy pesados. Yo tengo a la virgen del Carmen en mi pecho y llevo las instrucciones que me dio el último psicólogo en la cartera. ¿Qué mas quiere de mí? No me voy a sentar. Dígale a mi hija que estoy bien y que no lo necesito. Si usted es bueno, dígaselo. Ya vi que le dieron un premio pues haga lo que le digo, he venido un día y ya está bien, ve como estoy bien. Mi hija cree que estoy mal desde que murió mi esposa y me jubilé pero no es verdad. Discuto mucho con ella pero es que lleva una vida que no me gusta y creo que mi hija no me cae bien.

Psicoterapeuta: ¿Qué edad tiene su hija?

Hombre traído por su hija: 38 años, sí pensará que es mayorcita pero para mí no lo es. Lleva viviendo con un pelanas 5 años y lo llevo fatal, ¿qué hace mi hija con un bohemio? Y digo bohemio por no decir otra cosa…quieren tener descendencia pero no pueden, pero ¿cómo va a tener un hijo de ese “tontolaba”?

Psicoterapeuta: ¿Quiere elegirle la pareja a su hija con 38 años?

Hombre traído por su hija: Pues si su madre levantase la cabeza se moriría del disgusto. Toda la vida trabajando para morirse así y que nuestra única hija tenga un síndrome porque es ella quien debería de estar aquí y no yo. Ella dice que discuto por todo pero es que ella es lo único que tengo. De vacaciones con ella, Navidades también, siento amor y odio al mismo tiempo.

Psicoterapeuta: ¿Le gustaría ser el marido de su hija?

Hombre traído por su hija: Pues de alguna manera sí. Ayer veía una serie en Neflix y la niña le pedía matrimonio a su padre jugando. Cuando mi hija me idolatraba fui el hombre y el padre mas feliz del mundo, tenía a mi mujer y a mi hija. Ahora es como si hubiesen muerto ambas, mi mujer y mi hija…(llora) No la reconozco tan arreglada, hasta se ha operado los pechos…es todo muy raro. Quiero volver al pasado que vuelva mi mujer y mi hija. Esta no es mi hija (llora y se sienta en la silla).

Imagen: Juan Araujo, Casa de Vidrio nº6, 2006. Óleo sobre tabla, 43 x 28,2 cm, Tate Gallery, Londres

Los rebrotes de coronavirus y la reverberación emocional

El psicólogo Sergio García escribe un nuevo artículo en EFEsalud en el que analiza el efecto de los rebrotes del coronavirus en aquellas personas que han sufrido y sufren el “síndrome de la cabaña” y tienen un fuerte temor a salir de casa

En nuestros días sigue habiendo bastantes dificultades en conocer cuál es la realidad y cómo situarnos frente a la misma. A veces, son nuestros miedos los que deciden por nosotros sin tener en cuenta la dimensión social de la “nueva normalidad”.

En primer lugar los medios nos arrojan informaciones sobre numerosos “rebrotes” pero ¿qué es un rebrote exactamente?

Según explicaba la investigadora del CSIC Margarita del Val en los Cursos de Verano del Escorial, “serían numerosos casos de contagio en un lugar concreto”.

Por tanto, independientemente de la estadística que arroja un crecimiento de la transmisión del virus, la palabra rebrote no llega a afinar lo necesario frente a un tema que genera tanto miedo.

Frente a esto, tenemos que saber que cada persona es diferente y que cada uno esta en diferente fase en relación a como percibe la enfermedad y su padecimiento.

¿Qué queremos decir? Pues que pese a que la nueva normalidad se nos ha impuesto, hay personas que se han quedado ancladas en fases anteriores, que bien por una experiencia traumática (generalmente muerte de familiar o estar en la primera línea de atención del virus) o por un exceso de pensamientos sobre el tema, viven el día a día con un exceso de angustia y que toman las medidas de seguridad con una alta labilidad emocional que desnaturaliza cada situación de salida al exterior.

dislexia
Sergio García recoge un premio del Consejo de Psicólogos de Madrid por su colaboración en el programa de radio de “El Bisturí”, de EFEsalud/ Foto facilitada por el psicólogo +

Es aquí donde aparece el síndrome de la cabaña, que sería el correlativo físico y mental del miedo a salir de casa, debido a que el confort del hogar ha sido durante varios meses sentido como protector y ahora hay que delimitar este sentimiento para poder hacer vida social y laboral presencial.

¿Qué nos sucede ahora? Pues existen las “reverberaciones emocionales”, que la palabra rebrote o las informaciones de personas que se saltan las normas de seguridad necesarias para evitar el contagio, nos llevan a una sensación de malestar y sentimos que se ratifica nuestro punto de vista de que el entorno es muy peligroso.

Y en este contexto, desechamos los elementos de seguridad existentes y nos inunda un sentimiento catastrófico del mundo. Esta sesgo se denomina “de autoconfirmación” y pone el foco de nuestra atención sobre aquello que previamente ya nos tenía convencidos. De tal manera que surje la “infodemia” la intoxicación con información rigurosa o falsa sobre un mismo tema. Es decir, uso las “informaciones” de mi alrededor para asustarme y paralizarme.

Soluciones

La angustia y sus reverberaciones tiene que ser trabajadas con un profesional de la psicología pero puede empezar moderando y delimitando la ingesta de un mismo contenido.

Segundo, pongamos el foco fuera de nosotros, dejemos de observarnos tan intensamente y mantengamos algunos compromisos familiares o sociales con las medidas necesarias para evitar el contagio.

Y por último, legitimemos ese miedo, reconozcámoslo para añadirle nuevas frases constructivas que nos permitan salir de ese estado anímico.

Los próximos meses no serán una línea recta hacia la mejoría o hacia la antigua normalidad, entenderlo y aceptarlo será una de las herramienta para eliminar esos sentimientos de ansiedad.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. (FICCIÓN)

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN).

Cuando Beatríz llegó a consulta venía de parte del endocrino. Acudía llorando porque iba a perder lo conseguido, los kilos adelgazados o se planteaba también el divorcio.

Beatriz: cuando me enamoré de él, era un encanto. Nos queríamos mucho. Yo no tenía está montaña rusa que tengo ahora. ¿Puedo ser bipolar?

Psicoterapeuta: ¿Qué es bipolar?

Beatríz: Un día bien y otro mal, como un adolescente. Bueno, todo comenzó a ir mal al casarnos, él se pensó que yo era suya y dejamos de salir al cine, con amigos, solo quería estar conmigo en la casa y tener hijos. Era muy absorbente. Me quería para él solo. Y la pelea con mi padre y mi madre por esto. Nunca se han tragado ni él a ellos ni ellos a él. Cuando mi padre murió y enfermó él no se portó bien, no entendía que me fuese 2 días seguidos al hospital o a la residencia a cuidarle. Luego, mi padre murió y siento rabia porque no me apoyó.

Entré dentro de un programa de adelgazamiento, comencé a engordar al casarme, a mi marido le gustan rollizas, con curvas, me decía siempre. Pero al morir mi padre me ahogaba y quise adelgazar empecé un programa médico para conseguirlo y mi marido cada día mas enfadado. Sus celos pararon con mi gordura pero cada vez que estoy mas delgada me lo recrimina y me dice que será para ver al médico ese. Bueno, de hecho estoy aquí sin que él lo sepa.

He perdido 30 kilos y mis vaivenes emocionales hacen que tenga mas hambre pero es un hambre de morder a mi marido, de darle un grito, de decirle ya está bien de gilipolleces…lo peor es que le quiero pero no le gusta que esté guapa porque piensa que me voy a follar a todo el mundo, hasta llama a mi trabajo para ver con quien estoy. Ha traspasado todo lo habido y por haber y no sé que hacer si mandarle a la mierda o volver a engordar para que me deje en paz.

La nueva normalidad y la nueva normatividad ¿Qué pasa con los afectos?

“La memoria de un hombre está en sus besos”

Aleixandre.

¿Qué diferencia existe entre normalidad y normatividad? Según las definiciones “normatividad” sería un conjunto de leyes o preceptos que rigen nuestros comportamientos según una organización. Y la normalidad, lo que es común, frecuente o natural en una sociedad según un criterio. Por lo que se deduce que la normatividad trae acompañada una normalidad. Concretamente, cada fase del proceso de desescalada nos dirige hacia la “nueva normalidad” término al cual todavía no nos hemos acostumbrado y genera rechazo.

Ayer me decía un vecino: “Si es nuevo, no puede ser normal es un sinsentido, la novedad está fuera de lo normal” “Pero sería nuevo con respecto a hace 4 meses ¿no?” “Sí es verdad, pero yo quiero volver a mi vieja normalidad, mi pelea con la palabra tiene que ver con esto” “Yo también lo quiero, pero tenemos que prepararnos para lo próximo”

Con esto queremos señalar que las nuevas reglas generas otros hábitos en nosotros y modifican nuestra manera de relacionarlos, nuestra comunicación y nuestros afectos.

Las líneas humanistas han preponderado en nuestros colegios para educar las emociones y también la manera de estar en el aula. Hasta ahora, la psicología le daba mucha importancia al compartir, al admitir los errores, darse una beso y un abrazo para sellar el desacuerdo. Sin embargo, estas formas educativas van a cambiar radicalmente. Debido a que ahora se va a individualizar el uso de materiales escolares, no se debe compartir con el compañero las pinturas ni los lápices y las afrentas entre alumnos tendrán que ser resueltas a través de la palabra, nunca estrechando la mano o dándose un beso. Por este motivo, nuestros afectos quedan trastocados, son educados de otra forma, el uso de la palabra con la riqueza de su entonación, de su dicción quedará en primer lugar junto con las formas no verbales de comunicarnos, la mirada, el gesto, el movimiento serán determinantes en este nuevo lenguaje que excluye el contacto físico, quizás es el momento de trascender nuestra manera de sentir de la que veníamos siendo partícipes.

Sin embargo, todos los primates estábamos programados para el tacto. Siendo en el sur de europa una población donde nos gusta tocarnos para auxiliar a nuestro discurso, incluso si le señalo una calle a un turista que la desconoce puedo acercarme tanto que llego incluso a la aproximación física e íntima. Diferenciándonos del norte del continente donde siempre se mantiene una distancia social con desconocidos y conocidos. De nuevo, nos hemos visto amparados por filosofías pedagógicas donde se pensaba que era mejor tocar que no hacerlo.

El tacto es el sentido más primitivo, el más elemental, al nacer los bebés necesitan la piel contra piel de los padres como recurso de estabilidad, de conocimiento de sí mismos. La piel humana es la piel más sensible de todos los mamíferos en 2,5 cm2 de piel humana existen 1300 células nerviosas y según la teoría evolutiva hubo un largo periodo intenso y cotidiano donde la sensibilidad de la piel se vio incrementada.

Pues ahora se tiene que subvertir este aprendizaje hasta que no haya una vacuna para la Covid-19. Se necesitan además de leyes, de normatividades, una nueva manera de pensar la implementación de la norma puesto que al ser humano le cuestan los cambios y mucho más cuando los ve fríos y ajenos a su manera de sentir y pensar. Sería un golpe de estado a nuestra psicología o identidad colectiva como sociedad. -“¿Es que usted quiere que me haga el sueco?”- me espetó el paciente.

La pregunta a resolver sería cómo hacemos el cambio de la normatividad venidera a la normalidad inédita, sabiendo que incluso en los experimentos con monos donde se hacía dos grupos y tenían que elegir entre una mama chimpancé con piel-tela pero sin biberón y una mama de alambres pero con biberón elegían a la primera. ¿Cómo el contacto físico que rebaja los niveles de cortisol relacionados con el estrés y sube los niveles de oxitocina, la hormona del amor, tiene que ser ahora puesto en un segundo lugar? ¿Cómo nos preparamos para esto?

Los jóvenes tienen estas necesidades al descubierto, están organizando “clubes de la lucha” para pegarse, que es una manera incivilizada de tocarse pero que pone de relieve la carencia de esta “nueva normalidad” sin abrazos, con menos besos. Algunos goviernos han comenzado a hacer campañas para fomentar las parejas estables evitando que los solteros sean una fuente de contagio.

Si la memoria de un hombre está es sus besos, si no recordamos por cronología de acontecimientos sino por lo bien o lo mal que lo pasamos en unas determinadas circunstancias(afectos), este nuevo periodo hace que tengamos que decidirnos por aprender a lanzar besos con la mirada, a acariciarnos con los adjetivos, a satisfacernos observando las sonrisas. Si me decido a pensar que aceptando y cambiando mi manera de expresar los afectos salvo vidas, me protejo y favorezco la salud del resto, a mis seres queridos y también a personas que no conozco porque he dejado de ser un engranaje en la cadena de transmisión. Entonces, ese sacrificio, esa mascarilla social se habrá convertido en una nueva forma de amor.

DIARIO DE UN TERAPEUTA (FICCIÓN). CAMBIAR DE FAMILIA. (3/3)

Él: “Mi mujer siempre me echa en cara que quiera a mi madre pero cómo no voy a querer a mi madre si me dio la vida. Me pone en aprieto ¿¡o tu madre y tus hermanos o yo…!? y yo no puedo dejar de lado a mis hermanos, que además son socios de empresa. Mire usted, mi abuelo en la guerra durmió debajo de un puente y nosotros hemos conseguido este emporio, con mucho sacrificio, dedicación, trabajo…es verdad que mi madre nunca aceptó a mi mujer, no le entró por el rabillo del ojo…no era empresaria como lo somos ahora nosotros, pero a mí era la que más me gustaba”

Psicoterapeuta: Sobre la bebida ¿qué me tiene que decir?

Él: Bebo sin control, como mi abuelo, mi padre, mi tatarabuelo…no podemos dejar de hacerlo, es nuestra misa beber, comer y hablar de negocios, no voy a dejar de beber aunque no sea bueno para mí…ya le puede usted convencer a mi mujer que esta es mi forma de vida, que me conoció así…

Psicoterapeuta: ¿El éxito en los negocios lo tiene por consumir alcohol?

Él: Sí en parte sí…usted no lo puede entender ¿a cuántos alcohólicos ha tratado?

Psicoterapeuta: ¿Se define como alcohólico?

Él: Jamás en la vida, eso me lo llama mi mujer cuando vengo de reunirme con mi familia y no lo soy porque si quisiese lo dejaba pero no quiero…usted tiene que saber que para vender, para tratar hay que hablar y los hombres lo hacemos en el bar, en restaurantes, si no bebes no es una cosa normal, no puedes cerrar la venta, ni se te vienen las ideas. Mis hermanos también lo hacen y sus mujeres se lo respetan pero la mía no.

Psicoterapeuta: ¿y su madre?

Él: No, mi madre me dice que me parezco a mi padre, sabe que construir esto no fue fácil. y con mis hermanos me siento muy unido, nos entendemos sin hablar casi.

Psicoterapeuta: Si deja de beber piensa que ¿le echarán de la familia o de la empresa?

Él: (Ríe) Parece un chiste..jejeje ¿Le pago para hacer bromas? Pues quizás sí, es mi señal de identidad, no entiendo ¿por qué tengo que dejar de hacerlo? ¿No traigo el dinero a casa todos los meses, no van a los mejores colegios nuestras hijas, a los mejores psicólogos? entonces ¿qué mas quieren las mujeres? es que se le meten una cosa en la cabeza y erre que erre, erre que erre.

Psicoterapeuta: Era una película de Paco Martínez Soria, me recordó usted con sus gestos.

Él: Sí lo veía mi abuelo mucho, yo quise darle una vida mejor pero murió casi pobre.

Psicoterapeuta: ¿Quiere mucho a su familia?

Él: Sí no me los quito de la cabeza, todo lo que hago es por ellos.

DIARIO DE UN TERAPEUTA (FICCIÓN). BRÍGIDA. CAMBIAR DE FAMILIA. (2/3)

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA 2/3 (FICCIÓN): BRÍGIDA. CAMBIAR DE FAMILIA.

Paciente: “Yo me quiero ir con mi familia, vivía sola pero mi hermana estaba debajo de mí, quiero irme con mi familia, lo de la luz del sol es una tontería, ya lo superaré en mi casa. La directora me dice que esta es ya mi casa y que todos somos su nueva familia, no quiero cambiar de familia que con la que tengo me basta y me sobra, ¿que estoy mejor atendida con médico, psicólogo, enfermeros…? pero yo no quiero estar aquí, aquí hay gente que está muy mal”

Doctor-terapeuta: “Está muy llorona usted hoy”

Paciente: “No es que llore es que yo quiero que me llame mi sobrina…”

Doctor: “¿cuándo fue la última vez que habló usted con ella?”

Paciente: “Pues ayer, si realmente ahora hablo mas con ellos que antes aunque no vienen a verme, aunque yo también podría ir a verlos…hay un vecino de habitación que me tira los tejos pero yo no tengo edad para estas cosas”

Doctor: ¿Hasta qué edad se pueden hacer esas cosas?

Paciente: “pues no sé, yo nunca tuve tiempo para eso y creo que me cuesta darme cuenta de que hay cambios en mi vida que son a mejor, pero al mismo tiempo… ese cambio me molesta, en el fondo podría estar contenta diciendo que tengo casi un novio a los 60, y estoy mejor atendida que nunca antes, pero aunque lo diga, no lo veo, siempre tengo que ponerle alguna pega”

Doctor: Seguimos el próximo lunes. ¿Me acompaña al coche? Tengo que darle la hoja de la que hablamos.

Paciente: Sí yo le abro la puerta. Pero yo ¿por qué soy así? ¿No se cansa de mí…?

Brígida me acompañó al coche sin darse cuenta que el sol de verano iluminaba su piel, estaba tan concentrada en otras cosas que había olvidado el síntoma que la condujo a mí.

TABARCA. HISTORIAS DE LA CUARENTENA (4/15)

TABARCA. HISTORIAS DE LA CUARENTENA (4/15).

Hoy la televisión dejó de funcionar…la señal de Alicante se ha vuelto tenue y estamos constreñidos por la interrupción constante, las últimas horas fueron terribles en las UCIs de la ciudad y el drama era mayor puesto que el viento y la comunicación hacían que el recuento de muertes fuese continuamente entorpecido… Cuando niño, también pasaba, me arropaba agazapado bajo dos mantas y pensaba que una gran ola engulliría estas casas quedando a la deriva, a veces, pienso que ha pasado eso y que que algún animal salvaje nos ha devorado y estamos muriendo entre los efluvios internos de la bestia y que mi pensamiento es solo un paliativo que viste mi mortaja, tan próxima en estas horas de invierno. No conseguí mano que me arrope en estas duras horas, si la ciudad no nos surte de viandantes pronto quedaremos derribados por la economía, aquí no hay agricultura, ni ya somos barcos pesqueros, el turismo lo reformuló todo y ahora se esperan horas muy duras porque debemos de protegernos de ellos.Ya no hay transporte entre la isla y la tierra, hemos quedado a la intemperie olvidados por los de siempre ¿y qué hacemos si alguien enferma?


Today the television stopped working … the Alicante signal has become subdued and we are constrained by the constant interruption, the last few hours were terrible in the ICUs of the city and the drama was greater since the wind and the communication made the count of deaths was continually hampered … As a child, it also happened, I tucked myself crouched under two blankets and thought that a great wave would engulf these houses drifting, sometimes, I think that has happened and that some wild animal has devoured and we are dying among the internal effluvia of the beast and that my thought is only a palliative that dresses my shroud, so close in these winter hours. I did not get a hand to clothe me in these hard hours, if the city does not supply us with pedestrians we will soon be knocked down by the economy, there is no agriculture here, we are not fishing boats anymore, tourism has reformulated everything and now we are expecting very hard hours because we must protect ourselves from them.There is no more transport between the island and the land, we have been left out in the open forgotten by the usual ones, and what do we do if someone gets sick?