Monthly Archives: May 2020

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (inventado). CAMBIAR DE FAMILIA (1/3).

CAMBIAR DE FAMILIA. (1/3)

Ella: Él nunca pudo hacer una familia con nosotros, no da aplausos a las 8, llama a su madre para ver qué tal está. Nunca me quisieron ninguno de ellos. Y él es un alcohólico raro porque solo lo hace cuando está con sus hermanos. No sabe no beber. Si no los viese nunca no tendría el problema…no sabe decir que no a su familia, sino me hubiese defendido cuando decían que yo no era buena mujer (llora)
– ¿Tienen hijos?
Ella: Tres hijas, las tuve porque me prometió no beber si éramos una familia grande.
– ¿Tuvo mas familia para curar a su marido?
Ella: Sí y no funcionó (llora) Bueno… ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida pero me apresuré a tenerlas muy joven para que sentase la cabeza…y no funcionó. No puedo tener a mis hijas en este hogar viendo como viene de las reuniones familiares, todas las semanas…me dice que tengo razón, pero no lo ve, ¡no lo ve! no sé lo que le pasa, mantener su apellido, la fama de su apellido, de su familia…se lo va a llevar por delante. Él no está enfermo de beber, está enfermo de no querernos, de no decir que no a su madre y hermanos, piensa que sigue viviendo con ellos…(llora)

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (III). MUJER MILITAR.

MUJER MILITAR.

– ¿Me puedes atender hoy domingo en casa? Es urgente, tengo miedo de que hayamos cogido el virus y me encuentro con ansiedad.
– A las 6 llego, deme la dirección.
Después de hablarme sobre que el general estaba de baja por coronavirus, una mujer recia en sus formas y muy delgada me comenta que su verdadero problema es de rigidez.
Todas mis parejas me tratan como a una militar y no como a una mujer, nunca nadie me trata como a una mujer.
– ¿Cómo sería el trato que querrías recibir?
– No sé que mirasen por mí, que me quisiesen, es todo muy frío. Son muy toscos y me hacen sentir mal. Nunca rematan sus compromisos.
Jorge me dejó y no lo he podido superar. Lo del coronavirus es lo de menos, pero no verle todos los días, no lo llevo bien. Es como una droga para mí, una adicción sin fin. En el confinamiento no habrá podido follar con ninguna y él siempre cumple la ley. era como yo, siempre cumplimos pero es que me decía que yo era rígida, que siempre quería controlar todo y no era verdad. ¿Rígida yo? Aunque siempre me lo han dicho todos… ¿a usted le parezco rígida?
– Seguimos en la próxima sesión.
– Quedan dos minutos para que acabe la sesión no me querrá cortar ahora ¿le parezco rígida?
– Seguimos entre semana, no me corte lo que me queda de domingo.
-¿Pero a que no soy controladora?

Psicología positiva contra el coronavirus: Newton, Shakespeare, Munch.

Javier Tovar | OPINIÓN/PSICÓLOGO SERGIO GARCÍA

El psicólogo Sergio García, colaborador de EFEsalud, traza un recorrido por la respuesta de la humanidad a otras grandes pandemias, a través de tres grandes personajes y creadores, el científico Isaac Newton, el escritor William Shakespeare y el pintor Edvard Munch, y reflexiona sobre los efectos del coronavirus

coronavirus psicología positiva

EPA/FRANK RUMPENHORST

“Sí, aquel año me privaron de la primavera (por la cuarentena en el barco) y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente. Me había llevado la primavera dentro de mí y nadie nunca más habría podido quitármela”

(Del Libro Rojo de Jung)

Nuestra generación no había sufrido una situación de estas características, nos pensábamos “invulnerables”, exentos de los sufrimientos de la “naturaleza”. Mas de tres mil millones de personas en el mundo están confinadas, el 40 % de la población mundial.

¿Qué podemos rescatar de las experiencias de otras epidemias para encontrarnos mejor, para darle un sentido a lo que está sucediendo? Salvando las distancias temporales si hubiese sido hace 20 años ¿se podrían haber dado las condiciones para el teletrabajo? ¿Se podían hacer videollamadas? ¿Había una oferta cultural tan elevada en internet? ¿Las redes sociales permitían el contacto diario o la información preventiva personalizada de mejoras de la higiene?

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El psicólogo Sergio García Soriano/Foto cedida

Si buscamos en la historia, vemos que las primeras referencias sobre el aislamiento a los enfermos para evitar contagios son en el Antiguo Testamento, y posteriormente, en los escritos de Hipócrates del siglo V a C.

Sin embargo, la plaga de Justiniano fue mortífera en el siglo VI dC con oleadas intermitentes hasta el siglo VIII en el imperio bizantino y un área comprendida entre Europa, Asia y África.  Entonces se adoptaron medidas masivas de aislamiento donde se veían “brotes de racismo” porque se estigmatizaba y culpabilizaba al contagiado.

Luego una de las primeras lecciones que podemos aprender es que las situaciones críticas sacan lo mejor de nosotros como podemos comprobar en estos días con los lazos de solidaridad mundial emprendidos creciendo… sin embargo, el miedo también expande nuestros propios prejuicios y la búsqueda rápida de culpables descarga parte del malestar producido por la incertidumbre global en la cual vivimos.

La palabra “quarantena”, proviene del italiano, en el siglo XIV, en los años posteriores a la Peste Negra. En 1377, una colonia veneciana con un importante puerto comercial, hizo el primer sistema institucionalizado de cuarentena de la historia referente a los cuarenta días de espera obligando a los navíos y tripulantes como medida de prevención. Básicamente se intuía que existía  un ciclo de menos de 40 días entre la infección y la muerte.

En el siglo XVII, varias pestes bubónicas azotaron Inglaterra por lo que el encierro fue obligado durante meses, los comercios, universidades, teatros quedaron cerrados. Hoy se conoce como la Gran Peste de Londres. Hacía 300 años,  la peste negra había matado a 25 millones de personas en Europa y entonces, 100.000 personas morirían allí también. Sin embargo, dos jóvenes consiguieron hacer por la humanidad grandes logros. ¿Quiénes fueron?

Newton

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EFE/Benjamín Hernández

Isaac Newton con 23 años estaba acabando sus estudios en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, asustado decidió irse a 100 kilómetros de Londres a la casa campestre de la familia para seguir estudiando todas las materias que habían quedado inconclusas en su facultad.

Hoy sus biógrafos  llaman a este periodo de su vida “el año de las maravillas” ya que avanzó en las ecuaciones matemáticas que posteriormente progresarían el cálculo.

Al mismo tiempo que escribió sus teorías sobre la óptica y el color debido a su curiosidad que sentía al ver los rayos del sol entrar por sus ventanas enclaustradas. Y la escena más popular de este científico sería en su jardín debajo de un manzano, cuando al caerle un fruto le permite comenzar a poner los principios de la teoría de la gravedad.

Shakespeare

Otro artista que aprovechará estos periodos de “retiro” será William Shakespeare, a pesar de que el teatro cerrase durante 78 meses entre 1603 y 1613,  el escritor estaba en pleno proceso  creativo y terminó tres de sus obras más célebres durante en la cuarentenas en 1606.

Estas obras fueron El rey Lear, Antonio y Cleopatra y Macbeth. Esta última obra teatral la ha cobrado mayor vigencia en nuestros días ya que su protagonista, Lady Macbeth, se lava las manos constantemente no por motivos higiénicos sino para limpiar simbólicamente su conciencia por colaborar en la muerte del Rey Duncan, al no poder mitigar el sentimiento de culpa oliendo la sangre aún después de 15 minutos de restregarlas.

Sexo tras el infarto
EPA/ANGELIKA WARMUTH

Por esto se ha vuelto moda en Reino Unido ahora para completar la duración adecuada de nuestras manos repetir el soliloquio del autor más grande de su literatura: “Fuera, maldita mancha/ fuera digo/ la una, las dos/ es el momento de hacerlo./ El infierno es sombrío/ ¡Cómo, mi señor!/ ¿Un soldado y con miedo? / ¿Por qué temer que se conozca/ si nadie nos puede pedir cuentas? / Mas ¿quién iba a pensar/que el viejo/ tendría tanta sangre?”

Resiliencia

La pregunta que nos podemos hacer después de estos ejemplos es: ¿eran estos dos autores resilientes? ¿tenían capacidad de superar circunstancias traumáticas como la muerte de seres queridos, accidentes…?

Y la respuesta tiene muchos matices; en primer lugar, “superar” es un término que no describe bien el hecho de pasar por un proceso psicológico de estas características porque piensa al individuo como “completo” “binario” y las personas después de un “hecho dramático” consiguen integrar la experiencia y continuar con su vida, pero estamos a menudo en “continua superación” de las muertes de los seres queridos, accidentes…

Por otro lado, para que podamos ser resilientes la casa se nos tiene que haber derruido también a nosotros. Dos casas destruidas por un huracán, una persona llora y entra en depresión, mientras otra toma una pala y un pico comenzando a sacar escombros para la reconstrucción.

Adversidad

Eso sería en el origen del término la capacidad de adaptarnos a la adversidad. Para las personas que están viendo el tiempo del coronavirus no desde la primera línea de intervención sino desde un hogar confortable, no hay resiliencia.

Puede existir una buena actitud frente al malestar social producido, pero no es igual que el terremoto tire alguna teja de tu hogar, a que tengas que reconstruir la casa.

Y también esto permite desde el respeto, desdramatizar el hecho y poder pensarlo en modulación. Puesto que hay familias donde no hay nadie muerto por el virus ni han visto sus ahorros mermados, por lo que también hay que darles voz cuando se hace la lectura social de la pandemia.

Recuerdo que los datos actuales concluyen  que de los contagiados, el 95 % pasará la infección sin ninguna complicación seria. No obstante, afectados como no afectados, resilientes como no resilientes, tienen que “elaborar” la nueva situación en la que estamos viviendo en la actualidad y al mismo tiempo, el regreso a una “nueva realidad”. Es decir, no volvemos a lo anterior, regresamos a una sociedad diferente para la que nos tenemos que preparar (enfrentarse a los miedos, distancia social, paro, personas en duelo…).

Munch

coronavirus psicología positiva
EPA/Katrine NORWAY OUT

El último artista que os traigo es Edvard Munch y él podría denominarse “resiliente”.  Durante la I Guerra Mundial hubo un virus llamado influenza A, del subtipo H1N1 que aún no se sabe su origen exacto  pudiendo ser Francia, China o Estados Unido; sin embargo será mal apodada como “la gripe española”, ya que nuestro país al ser neutral durante la Gran Guerra podía hacer publicaciones periodísticas de la pandemia mientras que el resto de países estaban en censura.

El virus mataría a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Y nuestro pintor noruego más famoso del siglo XX va a contraer la enfermedad a principios de 1919. Usando como terapia hacerse autorretratos con sus pinceles y utilizando gamas de colores diferentes para describir su nuevo estado físico y anímico. De tal manera que su fatigoso aspecto cadavérico rodeado de matices amarillos o naranjas desteñidos ilustran la batalla con la enfermedad y su sensación de aislamiento durante el confinamiento.

Su “Autorretrato con gripe española” le refleja ojeroso, atormentado y con falta de aire. Y también lo hace cuando queda curado en “Autorretrato después de la gripe española” ahora mostrándose como superviviente.

Nuevo en la actualidad, no para la historia de la humanidad

En resumen, esta situación de la Covid-19 y la restricción de movimiento es nueva para gran parte de la población, pero no para la historia de la humanidad.

Si aprendemos de experiencias anteriores, de los países que ya lo han podido paliar podremos salir antes de este estado de alarma personal que llevamos padeciendo durante casi dos meses.

Por otro lado, la posibilidad de movimiento físico no es libertad de pensamiento, ni libertad de creación. Antes de la pandemia podíamos vivir encerrados en una prisión que desconocíamos y quizás este tiempo de coronavirus ha venido a alterar ese espacio para zarandear nuestras zonas de confort y obligarnos a encontrar un nuevo sentido a la incertidumbre que nos espera.

 

Artículo original: https://www.efesalud.com/psicologia-positiva-contra-coronavirus/

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (II). MIEDO A LA LUZ DEL SOL

MIEDO A LA LUZ DEL SOL.
Brígida tenía 60 años recién cumplidos aunque su aspecto era de mujer mas mayor que intentaba esconder el paso del tiempo. Su sobrina y la directora de la residencia donde había comenzado a vivir me llamaron porque el miedo a la luz del sol había aumentado en los meses de adaptación en el geriátrico. No quería salir ni acercarse al umbral de la puerta de la calle,ni salir al patio, todas las ventanas debían de estar con las cortinas echadas para no alterar el estado anímico de mi nueva paciente.
– Nunca he necesitado a los hombres doctor- me dijo. Una mujer decente nunca tiene esas necesidades.
– ¿No tiene hijos entonces?
– Nunca me pretendió nadie, no me dejé querer…quizás por eso he acabado aquí, me molesta todo no solo La Luz del sol, la visita de mis sobrinos es horrible, tienen pena de mí creen que no puedo valerme por mí misma y yo me valgo por mis medios, lo único que no puedo hacer del cuerpo y las noches son como rocas que se me incrustan por todos los lados y me dejan derrotada cada mañana.
– Cuando me llamó su sobrina me dijo que era viuda.
– Sí pero no nos queríamos, él era alcohólico y que muriese de cirrosis al poco de casarnos fue una bendición. Era muy raro, nunca sentí calor humano ninguno.
– ¿Y usted ha sentido que ha dado calor humano alguno?
– Llora, se levanta y revisa que todas las cortinas estén cerradas. Se santigua y me pide finalizar la sesión por hoy. Le acompaño a las zonas comunes por un pasillo muy oscuro en el que ella de pronto cobra agilidad en los movimientos. Se acerca a la sala de la televisión que está abarrotada de ancianos y los estruendo de las Campos hacen de banda sonora a nuestra despedida. Estira su brazo como para impedir un beso aunque lo hace de tal manera que parece que me ofrece un besamanos.
Me doy cuenta que pese a su austeridad en la vestimenta de colores sobrios similar a una Tippi Hedren malnutrida lleva un anillo de compromiso. ¿Por qué lleva este símbolo de compromiso cuando rechaza su relación con el marido muerto? ¿Qué le pasa para no querer que le dé la luz del sol ni el calor de ninguna relación cuando en el fondo parece querer un saludo afectuoso? ¿Qué le ha llevado a tener que vivir en un Centro de mayores cuándo ha sido autónoma hasta hace poco? —>
Si quieres saber mas sobre las fobias, mi teléfono es 660 046 657 o psicologossergiogarcia@cop.es,o puedes ver nuestros vídeos en mi web www.psicologosergiogarcia.com

Cómo superar el miedo a salir a la calle

Si has salido a la calle estos días y no ha sido una experiencia placentera, si has sufrido con cada puerta que abrías y cada botón que tocabas, cambiabas de acera cuando veías a alguien sin mascarilla y te entró el pánico cuando una mujer estornudó no muy lejos de donde estabas; puedes estar tranquilo tu miedo es normal.

No es sano, pero es no una anomalía. Los psicólogos consideran que cierto grado de miedo por la situación que hemos vivido es normal, ahora bien, si has tenido todos esos temores no debes renunciar a salir a la calle, tienes que salir y no caer en las evitaciones, básicamente no evites salir.

Para superar esas situaciones Ovidio Peñalver, psicólogo sanitario y psicoterapeuta  autor de Emociones colectivas (Alienta) señala que existen una serie de herramientas.

Pautas para superar el miedo a salir a la calle

1 La información. Tiene que quedar claro que si tú vas con tu mascarilla, guardas los preceptivos metros de distancia, y te lavas bien las manos es muy escasa la probabilidad de que te contagies.

2 Que salgas poco a poco. Es como cuando los niños vuelven de vacaciones al colegio y les hacemos una incorporación lenta. A lo mejor, el primer día te das una vuelta a la manzana, el segundo día sales media hora, así hasta que puedas ir al trabajo o a otra actividad que lleve más tiempo, si no trabajas.

3 Ir acompañado. Salir con alguien de confianza, un familiar o un vecino es muy indicado para gente que le cueste salir en la desescalada.

4 Ejercicios de respiración. Hay muchos ejercicios respiratorios que sirven para evitar la hiperventilación, una respiración lenta y abdominal es la indicada. Inspiras, aguantas el aire unos pocos segundos en tus pulmones y luego sueltas el aire despacio. Esto tranquiliza.

5. Parada de pensamiento. Cuando de una manera casi inconsciente y compulsiva, lo que llamamos una rumiación de pensamiento, empiezas a mandarte mensajes de que es mejor no salir porque te contagias o pensamientos similares hay que pararlo. Es detectar ese bucle en el que entramos y hacer una parada de pensamiento, y crear un pensamiento alternativo positivo, como decirte no pasa nada, voy a seguir las recomendaciones: llevo mascarilla, guantes y gel y voy a estar bien.

El psicólogo clínico Sergio García Soriano, incide en la importancia de salir a la calle: “hay que hacer un proceso de adaptarse a la nueva realidad, salir con el tempo que nos pida el cuerpo, de una manera progresiva, sin obligarnos. Salir menos tiempo y en entornos donde nos encontremos más cómodos”.

Acudir al psicólogo

Según el catedrático de Psicología de la Universidad Complutense, Antonio Cano, es muy importante que la gente conozca las emociones y cómo funciona el estrés. “La gente tiene que saber que tener emociones como el estrés no pasa nada, pero hay que conocerlo para controlarlo”. En este sentido recomienda la búsqueda de información  y, en particular, la web de Sanidad sobre el estrés.

en cuestión de siete sesiones con un profesional la mayoría de estas situaciones de miedo su superan, incluso algunas depresiones

Para Cano “las evitaciones no son buenas, la ansiedad nos bloquea y lo solucionamos no enfrentándonos a lo que nos genera estrés”, en este sentido el catedrático asegura que los tratamientos con profesionales son de una gran efectividad, “tenemos medido que en cuestión de siete sesiones con un profesional la mayoría de estas situaciones de miedo su superan, incluso algunas depresiones”.

“En la crisis del 2008 aprendimos que las consultas por depresiones y trastornos de ansiedad aumentaron en consultas del médico de cabecera”, señala Cano. Una situación que por culpa de la crisis generada por el coronavirus vamos a encontrarnos de nuevo y para la que, según el catedrático, la aportación de los psicólogos es muy importante para que los individuos superen el bache.

Durante el confinamiento se han habilitado varios teléfonos de atención psicológica gratuita, un servicio que según García Soriano, “han sido fundamentales, un proceso de ventilación emocional que ha evitando que no se desarrolle el estrés agudo en mucho de las personas que han llamado, han sido un factor protector importante”.

 

 

Artículo original: https://www.elindependiente.com/vida-sana/salud/2020/05/09/como-superar-el-miedo-a-salir-a-la-calle/

Estrés post traumático después de la Covid-19. Un acercamiento.

Un tercio de la humanidad está confinada en el momento en el que escribo estas líneas. De manera inesperada, a pesar de las noticias en los periódicos, la población española empezó un lunes de la segunda semana de marzo sin intuir que ese sábado el estado de alarma cambiaría los planes laborales y personales de los próximos meses de todos nosotros. Independientemente de si se produce un estrés postraumático en todas las personas que están en sus casas, sí que esta situación ha producido una “herida emocional” ya que nos ha puesto enfrente con nuestra propia mortalidad, la de nuestros seres queridos y con nuestra ilusión de control sobre nuestras vidas. Luego, esto hay que pensarlo como una situación sobrevenida y que nos ha hecho darnos cuenta de nuestra «vulnerabilidad». No obstante, veamos que es un estrés postraumático y qué nos dicen los datos de China de hace unos meses.

El trastorno por estrés postraumático (también conocido como TEPT) es un trastorno que algunas personas presentan después de haber vivido o presenciado un acontecimiento impactante, terrorífico o peligroso. Los problemas habitualmente debutan en los tres primeros meses después del incidente traumático, en relación a los síntomas para poder diagnosticarlo sabemos que deben durar más de un mes y ser lo suficientemente graves como para interferir con las relaciones personales o el trabajo. Los síntomas en el adulto van a ser al menos durante un mes las siguientes:

a) Al menos dos síntomas de hipervigilancia y reactividad.

– Alarmarse fácilmente.

– Sentirse con tensión.

– Accesos de ira o dificultades al dormir.

La hipervigilancia suele ser constante dificultando la concentración para descansar, comer o hacer las tareas diarias.

b) Al menos dos síntomas de alteración del estado de ánimo o síntomas cognitivos.

– Problemas en el recuerdo de detalles importantes de la experiencia traumática.

– Pensamientos catastrófico sobre uno mismo o el mundo

– Sensación de culpa o remordimiento.

– Falta de interés en las actividades placenteras

Sería necesario señalar en este apartado que los síntomas pueden producir que la persona que los padece se sientan aislados de los demás, amigos o familiares, como ensimismados por el recuerdo de la experiencia traumática.

c) Al menos un síntoma de evasión:

– Querer estar lejos de los acontecimientos, los lugares o los objetos que traen aparejado el recuerdo lo traumático.

– Evitar el pensar o el tener cualquier sentimiento relacionados con el acontecimiento traumático.

Aquí habitualmente ponemos el ejemplo del accidentado en carretera que rechaza volver a conducir un coche. El símil en este caso, sería diferente para cada uno.

d) Al menos un síntoma de reviviscencia:

– Volver a vivir emocionalmente el recuerdo traumático (“flashbacks”) en bucle, incluso con síntomas físicos como sudoración, taquicardia, agitación en la respiración…

– Tener pesadillas o despertarse con angustia.

– Pensar de manera catastrófica, una sensación de miedo.

Los objetos o situaciones pueden desencadenar en el sujeto una sensación de volver a vivir un malestar que ya no está presente.

No obstante, es lógico que después de una situación estresante se generen algunos de estos síntomas, si ellos desaparecen unas semanas después del acontecimiento estresante. Tendríamos que catalogarlos como trastorno del estrés agudo. La diferencia en la gravedad y la persistencia de los síntomas se puede explicar en algunas ocasiones, por trastornos psicológicos previos como depresión, drogadicción u otros cuadros ansiógenos.

Por todo lo expuesto con anterioridad, los más expuestos a dicha sintomatología va a ser el personal sanitario (médicos, psicólogos, enfermeros, auxiliares, celadores…) según el servicio de salud mental del Hospital Psiquiátrico 12 de Octubre en un estudio realizado en la epidemia SARG 2002-2003 con profesionales de la salud se concluyó que a los dos años se había incrementado la depresión mayor en un 2%, el trastorno por estrés post traumático un 2%, el abuso de sustancias (alcohol, tranquilizantes) 2% y los trastornos de pánico un 1%. Para que esto quede atenuado tenemos que saber que pondera negativamente los factores de riesgo o estresantes del personal sanitario como la escasez de medios de protección y diagnóstico(test), los contagios de sus amigos o familiares, los dilemas morales sobre la elección de pacientes graves a los respiradores en las UCIs y la experiencia propia del covid-19 con síntomas moderados o graves.

Además una revisión de 24 estudios, las cuarentenas y su psicología, elaborada por investigadores del King’s College y publicada en la revista The Lancet hace dos meses, encuentra que incluso pasados tres años después del aislamiento se han mantenido episodios de estrés postraumático.

Fijándonos en un encuesta con expertos de la Universidad de Pekín, no publicada pero que cita la reputada revista Caixin, concluye que de 311 profesionales sanitarios que atendieron directamente en la epidemia en Wuhan, un tercio padeció algún tipo de problema psicológico.

No obstante, el hacer comparaciones entre países no se incluyen ciertas variables esenciales sobre la cultura, el sistema sanitario o los factores de protección mental de sus ciudadanos. En España, la ratio de psicólogos está en 9,6 por cada 100.000 habitantes (lejos de la media europea que está en 18 profesionales de la salud emocional) pero muy por encima de China que solo cuenta con 2,2 profesionales sanitarios de la salud mental por cada 100.000 personas. Además se han puesto diversas iniciativas con gran acogida entre la población general y para los profesionales que están en primera línea de atención médica y asistencial: Dispositivos de atención psicológica telefónica 24 horas gratuito, redes de apoyo mutuo, guías de cuidado psicológico en el confinamiento…

En resumen, estamos ante un contexto inédito en nuestro país y en el mundo, las comparativas que usamos entre continentes y países sirven a modo de reflexión pero no podemos saber con exactitud la gravedad o la levedad de las secuelas psicológicas en nuestra población. China tenía antes de la crisis 100 millones de personas con problemas psiquiátricos y 54 millones con depresión. No obstante, sí sabemos que la población mas expuesta tiene más riesgo de padecer un trastorno post-traumático, un trastorno por estrés agudo o alguna sintomatología ansiógena en función de los factores de riesgo y los factores protectores. Además el elevado número de muertes de seres queridos en relación a otras épocas de nuestro país, sin poder hacer los rituales de despedida simbólicos y necesarios, (los velatorios y entierros han quedado postergados o reducidos a no mas de tres personas) llevará a hacer un duelo prolongado a muchos de sus familiares que pueden derivar en estados de ánimo depresivos.

Bibliografía:

National Institute of Mental Health

https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/trastorno-por-estres-postraumatico/index.shtml

Artículo de El País.

Vidal Liy, Macarena 6/4/2020 “Todo el mundo en Wuhan tiene un trauma”

Miedo a salir de casa, la secuela del confinamiento

En torno a un 15% de la población ha podido desarrollar estos meses un trastorno de la ansiedad generalizada.

Teníamos que quedarnos en casa, había que aplanar la curva. Y la curva se ha aplanado. Ya estamos viviendo la desescalada, ya podemos salir a la calle y muchas provincias podrán entrar en fase 1 la próxima semana. Pero hay personas que no quieren salir de casa, unas por cautela y otras por la angustia que les genera volver a pisar la calle y cruzarse con otras personas, tocar pomos, barandillas y botones. Es miedo y es una secuela que nos ha dejado el confinamiento para superar la pandemia del coronavirus.

“Desde hace una semana tenemos pacientes nuevos que nos llaman porque tienen miedo a salir. Es una especie de agorafobia, ya se puede salir, pero hay gente que no ha salido”, señala Ovidio Peñalver, psicólogo sanitario. Según este psicoterapeuta lo que hay es un temor a contagiarse, “voy a salir a la calle, voy a tocar algo, alguien me va a toser y, ese miedo, cursa con pensamientos intrusivos, empiezas a tener taquicardias, ansiedad, respiración acelerada. Esto puede terminar en ataque de pánico o de ansiedad e hiperventilación. Cuando ocurren estos episodios provocan una conducta de evitación, evitamos enfrentarnos a esa situación: no salimos. De hecho hay gente que todavía no ha salido.”

Muchos niños se han imaginado al conoravirus como un monstruo que hay en la calle.

Un situación que, según Peñalver, no sólo afecta a gente mayor, hay mucha gente con brotes hipocondríacos y también niños, porque muchos niños se han imaginado al conoravirus como un monstruo que hay en la calle”.

La manera en la que nos hemos enfrentado a esta situación es muy variada, para Antonio Cano, Catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), “hay personas que cuando vean que la calle está muy poblada, se van a pensar el salir, personas más reflexivas. Otros no salen por miedo a la multa y otros organizan botellones cada persona es un mundo”.

“Con el confinamiento, sí que hemos detectado que muchas personas están desarrollando sintomatología ansiosa y esta sintomatología puede constituir un trastorno de ansiedad, un trastorno de pánico y muchos de ellos pueden deriva en agorafobia. Al estrés personal, al de la situación de la pandemia, más el que genera la situación de la economía es un exceso de emocionalidad negatividad, especialmente de ansiedad. Cuando se tiene más ansiedad es muy posible que una persona se asuste por sus sensaciones de ansiedad, cuanto más se asusta tiene más ansiedad y cuanto más ansiedad más se asusta, entra en un círculo vicioso que termina con un ataque de pánico”, secuencia Cano.

El psicólogo clínico Sergio García Soriano ha mantenido terapias virtuales estos meses y asegura tener personas mayores que no quieren salir, “dicen que hasta que no pasen dos meses de esto, ellos no salen, que sus hijos les dejan la comida en casa y que prefieren ser precavidos. Están temerosos y, si además, se ha muerto alguien conocido o cercano, pues eso les agudiza el temor”.

Según García Soriano este miedo a salir de casa, tampoco cumple todos los patrones de una agorafobia, “pero sí se produce un miedo que antes no se producía. Hemos pasado mucho tiempo en casa viendo los medios y una situación de excepcionalidad, no será una sintomatología de agorafobia, pero algo le pasa a las personas que llaman con ese miedo a salir”.

Hay que acostumbrarse a cierta cuota descontrol, hay cosas que sabemos y otras que no, y además, son cambiantes

A estos temores se añade el ingrediente de la gran incertidumbre de una pandemia en la que se han multiplicado la situaciones de confusión, por la desinformación y el desconocimiento científico de la COVID-19: “Ha existido una especie de paranoia social, si leías una noticia, podía ser un bulo; si me pongo una mascarilla a lo mejor no me protege; si me hago el test a lo mejor no es fiable… La nuestra ha sido una generación muy protegida, no hemos vivido nada parecido a esto y ahora lo estamos viviendo, y teníamos poca tolerancia a la incertidumbre.Ahora hay que acostumbrarse a cierta cuota descontrol, hay cosas que sabemos y otras que no, y además, son cambiantes. Es mejor asumir esto para seguir adelante”.

Quienes, sin duda, han salido peor parados desde el punto de vista psicológico en esta crisis son los que antes eran agorafóbicos y los hipocondríacos, «lo están pasando muy mal, han empeorado con esta situación», apunta Ovidio Peñalver. En cuanto este miedo a salir actual es esperable que, según apuntan los psicólogos, vaya remitiendo al ritmo que se normalice la situación y haya menos muertos. En algunos casos se puede llegar a cronificar, pero consideran que, en la mayoría, durará unas semanas o meses, como mucho.

Trastorno de ansiedad generaliza

Los Raqueros, la bahía de Santander. EFE/ Román G. Aguilera

Según Antonio Cano un buena parte de la población está viviendo un trastorno de ansiedad generalizada. “Se incrementan las preocupaciones, por la economía o la salud, y su aumento se traduce en más ansiedad y llega un momento en que, por la ansiedad, te cuesta tomar decisiones, se tienen dificultades para concentrarse, dificultades para manejar esas preocupaciones y esto termina afectando desde al sueño a un malestar psicológico”, apunta. Según los datos preliminares de investigaciones en las que participa este catedrático de Psicología, “en torno a un 15% de la población ha podido desarrollar estos meses un trastorno de la ansiedad generalizada”. Algunos síntomas de ansiedad, “prácticamente en todos los casos se ha aumentado la ansiedad”. Ahora estamos analizando cómo ha afectado a las personas el hecho de haber salido más a la compra o haber sacado el perro y parece que quienes llevado algo de actividad exterior mayor, han desarrollado menos ansiedad.

 

 

Artículo original: https://www.elindependiente.com/vida-sana/salud/2020/05/09/miedo-a-salir-de-casa-la-secuela-de-confinamiento