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ENTREVISTA SOBRE LA PSICOLOGÍA EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Responde a nuestras preguntas el clínico Sergio García Soriano sobre la salud emocional en nuestros días. Trabaja en Madrid y San Lorenzo de El Escorial como terapeuta desde hace 16 años, además su visión como experto en Intervención social puede darnos pistas de cómo vive personalmente nuestra sociedad.

– ¿Cómo afectó el anterior confinamiento a sus pacientes?

De manera desigual, a aquellos que tenían fobias u obsesiones o estaban en las primeras fases del tratamiento, hizo que se intensificaran sus síntomas. Pero también sucedió lo contrario, las personas que estaban a punto de recibir el alta terapéutica o que tenían problemas laborales, estar en casa les supuso una seguridad que consolidó su mejoría.

– ¿Cómo crees que podría afectar un nuevo confinamiento?

De nuevo, de manera desigual. Hay persona que lo están esperando o colectivos de riesgo que de facto, viven autoconfinadas por lo que esta medida no desajustaría su psiquis. Sin embargo, si afectaría a aquellos colectivos que han vuelto a reanudar su «nueva normalidad» y que volver a tener una ocupación era una medida para ordenar sus pensamientos, para sostener económicamente la familia o para sentirse útiles. En el primer confinamiento, la situación sobrevenida a nivel internacional nos ayudaba a tener una narrativa común. En este caso, sentimos que además de la pandemia se trata también de responsabilidades ciudadanas y de las administraciones.

– ¿Hay algún colectivo que le afecte especialmente?

Los colectivos mas vulnerables son los que están en primera línea, personal sanitario, familiares de personas que han fallecido por Covid y luego, colectivos de personas que eran vulnerables previamente (fóbicos, deprimidos, ansiosos…)

Consejos:

1) Pensar que es una situación que va a salvar vidas. Ponernos a favor de la norma que nos marquen.

2) Aprovechar el nuevo confinamiento para aprovechar ese tiempo de manera productiva o para estar con los familiares.

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– Algún caso que llamase la atención.

Un chico de 20 años que llegó a consulta porque se duchaba con lejía. Fue tan fuerte la presión mediática de las normas de prevención que en una persona con un perfil previo de esquizotipia, la situación social produjo fue un desencadenante.

– ¿Por qué hubo un incremento en el teléfono de la Esperanza?

Sí, que las personas necesitan hablar y necesitan «esperanzas» para ver el futuro por lo que son necesarias redes sociales protectoras para paliar la soledad.

– ¿Hay más suicidios ahora?

Para que alguien se suicide tiene que haber una vulnerabilidad previa. Son situaciones difíciles que generan mayor riesgo de suicidio a los que ya eran deprimidos anteriormente. No obstante, el suicidio mataba generalmente más que las guerras, por encima de los accidentes en carretera. Habría que analizar estadísticamente cómo afectó a la población la sindemia ya que en una situación de «guerra biológica» quizás las vida se aprecie más y uno puede que tenga la impresión de grupo o de misión de pasar de año, produciéndose un efecto paradójico. No conozco datos o estudios para pensar de una manera u otra.

Sergio García Soriano (Psicólogo especialidad Clínica).

¿Libre albedrío?: Netflix también crea experiencias que generan adicción

La compañía incurre en algunas de las técnicas para atrapar al usuario que se denuncian en el documental que ha producido, ‘The Social Dilemma’.

El documental The Social Dilemma, producido por Netflix, saca la cara más oscura de las redes sociales. A través de entrevistas con personas que han estado en la primera línea de las grandes tecnológicas, pone de manifestó cómo estas plataformas usan técnicas de diseño para enganchar conscientemente a los usuarios. En esta tarea no reparan en delicadezas. Dirigen el contenido que te aparece hacia lo que te gusta, hasta el punto de moldear tus intereses. En último extremo, estos mecanismos alientan la manipulación, contribuyen a viralizar las fake news e influyen en el comportamiento de las personas.

Pero estas técnicas, que en el documental definen como “tecnología persuasiva”, no son patrimonio exclusivo de las redes sociales. La propia Netflix emplea este tipo de mecanismos. Hay algunas diferencias entre las compañías que aparecen en The Social Dilemma y la plataforma de vídeo. Pero todas comparten un objetivo básico: atrapar al usuario y monopolizar su atención.

La principal arma que tiene Netflix para hacer esto es la personalización del contenido. El usuario solo ve el contenido que a la plataforma le interesa para que siga en ella. Elena Neira, profesora de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y autora de ‘Streaming Wars: La nueva televisión’, apunta que este es un problema consustancial a los negocios digitales. Neira ha seguido la trayectoria de Netflix desde el 2007, primero por interés profesional —viene del mundo de producción audiovisual— y después desde la investigación académica. “Para ellos el éxito de un contenido no está en que sea bueno o malo. El éxito está en la eficiencia, que se mide en número de horas de visionado que genera. Si es un programa que no se ve se tiende a cancelar”. Así ha ocurrido con algunas series bastante difundidas, como Altered Carbon o Sense8.Netflix también incurreen prácticas que generan adicción entre sus clientesNetflix también incurreen prácticas que generan adicción entre sus usuarios

Para incrementar las horas de visionado, Netflix necesita conocer bien al usuario y el contenido. Por eso han desarrollado un detallado sistema de catalogación de las series y películas. Neira cuenta que la plataforma asigna etiquetas a todo el contenido. Pero no se queda en los géneros clásicos, como drama o thriller. Usa otras más precisos como “películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial” o auténticos microgéneros, como “comedias románticas para olvidar a tu expareja”. La plataforma ha definido más de 80.000 microgéneros, que se actualizan constantemente.

Sobre esta base trabaja el algoritmo de recomendación de la compañía. Este motor se nutre de un enorme volumen de datos. “Netflix monitoriza todo lo que hacemos”, relata Neira. “Cuándo reproduces, cuándo pausas, cuándo vuelves para atrás, si reproduces a velocidad normal, si lo haces a x2 o x4, en qué momento del día consumes qué cosas, dónde encontraste el contenido, qué tipo de contenidos ves en el móvil, cuáles ves en la tableta, qué contenidos ves cuando te estás moviendo, cuáles compartes con otras personas, a qué contenido vuelves constantemente, cuáles son las conexiones en términos de etiqueta que hay entre lo que ves”.

Píldoras de dopamina

La última cifra conocida indica que Netflix tiene ahora 193 millones de suscriptores. En un estudio encargado por la compañía se estimó que un 61% de los usuarios se daban atracones de series (el llamado binge watching) con regularidad. El 73% de la gente tenía sentimientos positivos acerca de estos atracones de series.

En un artículo firmado por Elena Neira y por su compañero de la UOC, el profesor Diego Redolar, se avanza que el cerebro genera dopamina ante un atracón de series. La generación de esta sustancia relacionada con el placer es clave para mantener a los usuarios en la plataforma. Pero tiene sus riesgos.

Sergio García, psicólogo clínico y especialista en adicción, afirma que desde hace dos años ha notado un aumento de las consultas relacionadas con dependencias a redes sociales, plataformas digitales y también a series. Habla de pacientes entre los 15 y los 30 años. Casi todos llegan con más de una adicción: policonsumo de servicios digitales.

“Todo depende del uso o del abuso. La pregunta que nos hacemos los psicólogos para definir en qué parte de la balanza estás es cómo interfiere en tu vida cotidiana”, explica García. “Si interviene a nivel laboral, académico, social, personal, sentimental, porque estás dejando de lado cosas por este tipo de consumos, es ahí cuando decimos que hay una adicción”.

El problema que plantean Netflix y otras plataformas de vídeo es que están diseñadas para que sea más fácil un consumo abusivo. La compañía californiana reproduce automáticamente el siguiente episodio de una serie; antes era después de 30 segundos, ahora en 10 segundos. También reproduce automáticamente el tráiler cuando pasas sobre un contenido o, si estás quieto, lo hace con la serie que aparece en la cabecera. Esto se puede evitar en la configuración de la cuenta, pero funciona así por defecto.

“Hace unos años uno no se podía volver adicto a las series. Si te gustaba una serie era a la misma hora, el mismo día todas las semanas”, señala García. “Ahora el usuario tiene el control y puede haber un tipo de consumo que más allá del disfrute o conocer la historia está relacionado con paliar los efectos de la ansiedad. Se utiliza para evadirse, por ejemplo. Y según está montado en este momento Netflix te permite ese tipo de consumo abusivo”.Laplataforma tiene más de 80.000 micorgéneros que te tienen atrapado en todo momentoLa plataforma tiene más de 80.000 microgéneros que te tienen atrapado en todo momento

El psicólogo cree que uno de los factores clave es la disponibilidad inmediata, que repercute en los canales de adicción porque la recompensa es instantánea. “Ahora tienes la posibilidad permanente de estar en contacto con aquello que te genera dopamina. Cojo mi móvil y vuelvo a ver esa serie que dejé anoche a medias”.

Adiós al libre albedrío

En la personalización profunda del contenido y en el empleo de técnicas para gobernar la atención de los usuarios Netflix se parece a las redes sociales. “¿Tú tienes libre albedrío y puedes elegir contenidos si Netflix funciona así? Probablemente no, expone Neira. “Si tú estás rodeado de plataformas que te ofrecen aquello que te gusta, la formación de tus preferencias se empobrece. Pero nos corresponde a nosotros como seres humanos decidir hasta qué punto dejar que la tecnología te manipule”.

Aunque las plataformas como Netflix no son parte del problema de las fake news ni fomentan la manipulación. Neira ahonda en otra diferencia: “Las redes sociales tienen un componente bestial, relacionado con la manera en la que tú te presentas ante el mundo, en cómo percibes a los demás y en cómo crees que los demás te perciben. Hay un impacto enorme a nivel sociológico“.

García coincide en la importancia de este aspecto de sociabilidad, que resalta bien The Social Dilemma. Señala que la existencia de una interactividad directa genera más dopamina. Pero recuerda que las series también pueden crear adicción y recomienda mesura. “Somos nosotros los que tenemos que controlar al consumo y no el consumo el que nos controle a nosotros”, indicaron desde El País Tecnología / Retina.

Artículo original aparecido el 4 de octubre de 2020 en iProUP.

Bipolar en vez de «depresión»

El trastorno bipolar no es un trastorno nuevo, en las décadas anteriores se le llamaba depresión maníaca, trastorno maníaco-depresivo o ciclotimia. Estaría englobado dentro de los desórdenes del estado de ánimo.

En Estados Unidos, según la estadística, hay 17 millones de adultos (se da tanto en hombres como en mujeres) que sufren un trastorno del estado de ánimo cada año. Esto quiere decir que una persona de cada siete va a padecerlo en algún momento de su vida por lo que es probable que tengas a amigos o conocidos con este padecimiento.

En el trastorno bipolar la persona tendrá episodios de manía o “subidas” y episodios de depresión o “bajadas”, no tratándose de episodios de felicidad o tristeza motivados por razones lógicas, sino que obedecen a una dinámica propia del trastorno, no de la experiencia vivida por la persona.

  1. Cuando hablamos de manía o subidas nos estamos refiriendo a que hablan de manera muy rápida, se les nota con mayor energía, duermen menos de lo habitual y están muy optimistas frente al futuro, hacen más deporte de manera muy acelerada, les irritan en mayor medida situaciones que antes eran toleradas por ellos y aumenta su impaciencia y su temeridad. Asociado por unan gran dificultad para concentrarse. 
  2. Y cuando hablamos de síntomas de depresión queremos decir que se pierde el interés por las actividades habituales, existe una alta fatigabilidad y una tristeza muy prologada en el tiempo, se piensa que hay falta de valía personal o profesional, se pierde el apetito y se merma la capacidad de experimentar placer aumentando pensamientos relacionados con ideas de desaparecer o autolíticos.

Las personas con trastorno bipolar pueden y deben tratarse, el psicólogo debe hacer el diagnóstico. Por lo que el profesional de salud mental deberá observar el comportamiento cuidadosamente para no confundirlo con TDAHesquizofrenia, estrés postraumático, etc.

En estas personas, su percepción de la realidad está alterada. Y los afectos no se corresponden con la realidad circundante, hay una intensificación de las emociones muy llamativa.

Se va a necesitar un plan de tratamiento para averiguar qué ha sucedido en la mente de la persona para tener alteradas las sensaciones en su estado de ánimo.

Sergio García Soriano

Psicólogo. Esp clínica.

Fatiga COVID o fatiga pandémica

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado Fatiga COVID o pandémica a un cansancio mental y físico que afecta a toda la población independientemente de que haya sido contagiado o no por el virus. Si uno se siente agotado, preocupado, irritable o frustrado cambios que cursan con alteraciones del sueño, de la concentración o del apetito podemos estar ante este nuevo fenómeno psicológico. En resumen, podemos ver a personas que han unido varios factores como son el nerviosismo, la falta de motivación y una apatía o indefensión, llamamos indefensión aprendida cuando pensamos que nuestro comportamiento no tiene consecuencias sobre la realidad o la sociedad. Es decir, que hagamos lo que hagamos no es importante para nadie, no hay repercusión directa.

Esto lo que indica es que tenemos a una población que lleva 8 meses con límites a su movilidad, a su vida habitual. Límites que han pasado de ser muy estrictos a más laxos dependiendo de dónde vivamos pero que las personas han sentido como arbitrarios en los últimos meses. Al principio, hubo un sentimiento de comunidad que fue diluyéndose a lo largo de los meses y de las medidas que se estaban adoptando desde las administraciones.

Esta fatiga puede acabar bloqueándonos y puede ser explicativa de muchos de los brotes que se están produciendo a nivel mundial. En otras palabras, las personas cuando están cansadas tienden a bajar la guardia con respecto a las medidas de prevención y tienden a juntarse con otros sin respetar las medidas de seguridad, por ese deseo gregario de estar con los demás, esto a su vez produce más infecciones y que se endurezcan las medidas de prevención pero la población ahora las toma como exageraciones ya que ha acabado minimizando la impresión del número de muertos diarios en su región, fenómeno que en psicología se conoce como “habituación”.

Las recomendaciones generales serían la de mantener un estilo de vida saludable con ejercicio físico y mental diario. A la vez que nos protegemos de las noticias permanentes relacionadas con el covid. Aceptando los sentimientos que tengamos, fórmula necesaria para poder aliviarnos emocionalmente.

Por otro lado tenemos que saber, que cada uno de nosotros lleva un negacionista dentro, y se produce porque somos nostálgicos de nuestra “antigua” normalidad. De nuevo, identificarlo restará saturación a nuestro estado anímico. Por último agradece lo que tienes, piensa la vida desde lo conseguido en tu recorrido vital sin compararte y sin pensarte en términos de carencias.

No obstante, para que una norma sea cumplida necesita de un clima social que haga legítimas dichas medidas. Más aún cuando éstas son cambiantes en el corto plazo y en la geografía, por lo que la transparencia, publicidad y previsibilidad son condiciones mínimas para su realización por lo que también tendríamos que solicitar que se tome a la ciencia de la psicología social como elemento necesario e imprescindible desde las altas instancias en las tomas de decisiones.

Sergio García Soriano, psicólogo.

Los rebrotes de coronavirus y la reverberación emocional

El psicólogo Sergio García escribe un nuevo artículo en EFEsalud en el que analiza el efecto de los rebrotes del coronavirus en aquellas personas que han sufrido y sufren el “síndrome de la cabaña” y tienen un fuerte temor a salir de casa

En nuestros días sigue habiendo bastantes dificultades en conocer cuál es la realidad y cómo situarnos frente a la misma. A veces, son nuestros miedos los que deciden por nosotros sin tener en cuenta la dimensión social de la “nueva normalidad”.

En primer lugar los medios nos arrojan informaciones sobre numerosos “rebrotes” pero ¿qué es un rebrote exactamente?

Según explicaba la investigadora del CSIC Margarita del Val en los Cursos de Verano del Escorial, “serían numerosos casos de contagio en un lugar concreto”.

Por tanto, independientemente de la estadística que arroja un crecimiento de la transmisión del virus, la palabra rebrote no llega a afinar lo necesario frente a un tema que genera tanto miedo.

Frente a esto, tenemos que saber que cada persona es diferente y que cada uno esta en diferente fase en relación a como percibe la enfermedad y su padecimiento.

¿Qué queremos decir? Pues que pese a que la nueva normalidad se nos ha impuesto, hay personas que se han quedado ancladas en fases anteriores, que bien por una experiencia traumática (generalmente muerte de familiar o estar en la primera línea de atención del virus) o por un exceso de pensamientos sobre el tema, viven el día a día con un exceso de angustia y que toman las medidas de seguridad con una alta labilidad emocional que desnaturaliza cada situación de salida al exterior.

dislexia
Sergio García recoge un premio del Consejo de Psicólogos de Madrid por su colaboración en el programa de radio de “El Bisturí”, de EFEsalud/ Foto facilitada por el psicólogo +

Es aquí donde aparece el síndrome de la cabaña, que sería el correlativo físico y mental del miedo a salir de casa, debido a que el confort del hogar ha sido durante varios meses sentido como protector y ahora hay que delimitar este sentimiento para poder hacer vida social y laboral presencial.

¿Qué nos sucede ahora? Pues existen las “reverberaciones emocionales”, que la palabra rebrote o las informaciones de personas que se saltan las normas de seguridad necesarias para evitar el contagio, nos llevan a una sensación de malestar y sentimos que se ratifica nuestro punto de vista de que el entorno es muy peligroso.

Y en este contexto, desechamos los elementos de seguridad existentes y nos inunda un sentimiento catastrófico del mundo. Esta sesgo se denomina “de autoconfirmación” y pone el foco de nuestra atención sobre aquello que previamente ya nos tenía convencidos. De tal manera que surje la “infodemia” la intoxicación con información rigurosa o falsa sobre un mismo tema. Es decir, uso las “informaciones” de mi alrededor para asustarme y paralizarme.

Soluciones

La angustia y sus reverberaciones tiene que ser trabajadas con un profesional de la psicología pero puede empezar moderando y delimitando la ingesta de un mismo contenido.

Segundo, pongamos el foco fuera de nosotros, dejemos de observarnos tan intensamente y mantengamos algunos compromisos familiares o sociales con las medidas necesarias para evitar el contagio.

Y por último, legitimemos ese miedo, reconozcámoslo para añadirle nuevas frases constructivas que nos permitan salir de ese estado anímico.

Los próximos meses no serán una línea recta hacia la mejoría o hacia la antigua normalidad, entenderlo y aceptarlo será una de las herramienta para eliminar esos sentimientos de ansiedad.

DESCUBRÍ UN PROGRAMA EN “DKISS”

DESCUBRÍ UN PROGRAMA EN “DKISS”.

“Mi vida con 300 kilos” es un reality que sigue a las participantes durante varios meses en su vida diaria con la cámara. Bajo supervisión médica.

Objetivo: perder peso para salvar la vida. Novedad que aporta: cuando el paciente habla con el terapeuta, jura y perjura no comer entrehoras y dice seguir a rajatabla las prescripciones dadas la semana anterior. Sin embargo, la cámara desmonta este argumento.

Concluimos: el humano se desconoce y tiene comportamientos que le pasan desapercibidos porque los ve nimios o intrascendentes, se puede engañar a sí mismo de tal manera que en algunos casos esta situación puede llevarle a la muerte.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. (FICCIÓN)

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN).

Cuando Beatríz llegó a consulta venía de parte del endocrino. Acudía llorando porque iba a perder lo conseguido, los kilos adelgazados o se planteaba también el divorcio.

Beatriz: cuando me enamoré de él, era un encanto. Nos queríamos mucho. Yo no tenía está montaña rusa que tengo ahora. ¿Puedo ser bipolar?

Psicoterapeuta: ¿Qué es bipolar?

Beatríz: Un día bien y otro mal, como un adolescente. Bueno, todo comenzó a ir mal al casarnos, él se pensó que yo era suya y dejamos de salir al cine, con amigos, solo quería estar conmigo en la casa y tener hijos. Era muy absorbente. Me quería para él solo. Y la pelea con mi padre y mi madre por esto. Nunca se han tragado ni él a ellos ni ellos a él. Cuando mi padre murió y enfermó él no se portó bien, no entendía que me fuese 2 días seguidos al hospital o a la residencia a cuidarle. Luego, mi padre murió y siento rabia porque no me apoyó.

Entré dentro de un programa de adelgazamiento, comencé a engordar al casarme, a mi marido le gustan rollizas, con curvas, me decía siempre. Pero al morir mi padre me ahogaba y quise adelgazar empecé un programa médico para conseguirlo y mi marido cada día mas enfadado. Sus celos pararon con mi gordura pero cada vez que estoy mas delgada me lo recrimina y me dice que será para ver al médico ese. Bueno, de hecho estoy aquí sin que él lo sepa.

He perdido 30 kilos y mis vaivenes emocionales hacen que tenga mas hambre pero es un hambre de morder a mi marido, de darle un grito, de decirle ya está bien de gilipolleces…lo peor es que le quiero pero no le gusta que esté guapa porque piensa que me voy a follar a todo el mundo, hasta llama a mi trabajo para ver con quien estoy. Ha traspasado todo lo habido y por haber y no sé que hacer si mandarle a la mierda o volver a engordar para que me deje en paz.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN). NOS PEGAMOS.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA. FICCIÓN. NOS PEGAMOS.

Acuden a consulta dos hermanas de aproximadamente 40 años, muy parecidas.

Marta: Mire nosotras nacimos en el mismo año aunque no somos gemelas, siempre fuimos a las mismas clases, mismo colegio y de pequeñas nos pegábamos. Era muy divertido. Teníamos la misma fuerza y era como ir al gym.

Virginia: Yo nunca lo vi tan divertido pero es verdad, me recuerdo pegándonos y haciendo las paces. Círculo vicioso, círculo vicioso.

Marta: Nos hemos casado en el mismo año y nuestros maridos son primos hermanos y seguimos queriéndonos mucho, vivimos en el mismo lugar. a dos calles la una de la otra, siempre fuimos mejores amigas.

Virginia: Y mejores enemigas también.

Marta: Al grano, con 16 años decíamos vamos a pegarnos y hacíamos del salón un cuadrilátero. Era un ring, mientras que papa y mama trabajaban nosotras nos pegábamos.

Psicoterapeuta: ¿Todos los días?

Virginia: No una vez a la semana.

Psicoterapeuta: ¿Y también con mas personas?

Marta: No nunca, somos muy pacíficas. O muy de te voy a decir la verdad a la cara, pero nunca llegamos a las manos con nadie.

Virginia: No somos agresivas incluso no nos pegábamos por maldad, no sé era cómo pensar que seguíamos siendo niñas y podíamos perder el control un poco.

Marta: A los 20 años, dejamos de hacerlo, nos daba vergüenza. Ya éramos mayores y con mucha fuerza. Nos costó olvidarlo pero lo conseguimos.

Virginia: Dile lo de ahora.

Marta: Bueno…que nos hemos vuelto a pegar pero con motivos y no paramos, empezamos y no paramos, llegamos a las manos.

Psicoterapeuta: ¿De forma espontánea?

Marta: Ya no quedamos para pegarnos pero cuando nos enfadamos empezamos y no podemos parar ¿qué pensarán los vecinos?

Virginia: Y nuestros maridos ya no pueden mas.

Marta: ahora es por cabezotas, por querer controlarnos y no poder, cuando lo cuento parece una tontería pero cuando se vive es muy desagradable. Me presento a unas elecciones, voy de cabeza de lista… y ella me dice que no me vota, que es apolítica. Y yo la digo “pues si no convenzo a mi propia hermana voy a perder” y la argumento y se me pone chula y empezamos y no podemos parar…

Virginia: es increíble porque lo cuentas y nadie se lo cree pero es así.

Psicoterapeuta: ¿Se tienen envidia?

Marta: ya lo hemos pensado pero ¿qué hacemos con la envidia? ¿Cómo la eliminamos?

Virginia: Yo a veces, siento una punzada cuando a ella la va bien pero tampoco sé qué hacer con eso. ¿Tiene solución? ¿Estamos de atar, verdad?

Lawrence Alma-Tadema, Impaciente, 1867. Acuarela, 19.5 x 14.5 cm. Colección particular.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN). JOVEN.

DIARIO DE UN PSICOTERAPEUTA (FICCIÓN)

JOVEN: a ver, les has dicho a mis padres que se comuniquen mas conmigo, que me pregunten por las cosas que me gustan, nunca antes quisieron saber nada de mis cómics o de mis juegos de la play… problema es que ya no me castigan sin tele. Me castigan sin las cosas que me gustan. Me hacen mas caso para hacerme daño, para mejorar su castigo.

Es horrible. ¿Así es cómo me ayudas? ¿Qué les dirás ahora?

Imagen: Ramón Alva de la Canal, El café de nadie, 1930. Óleo y collage sobre lienzo, Munal, Ciudad de México.

La nueva normalidad y la nueva normatividad ¿Qué pasa con los afectos?

“La memoria de un hombre está en sus besos”

Aleixandre.

¿Qué diferencia existe entre normalidad y normatividad? Según las definiciones “normatividad” sería un conjunto de leyes o preceptos que rigen nuestros comportamientos según una organización. Y la normalidad, lo que es común, frecuente o natural en una sociedad según un criterio. Por lo que se deduce que la normatividad trae acompañada una normalidad. Concretamente, cada fase del proceso de desescalada nos dirige hacia la “nueva normalidad” término al cual todavía no nos hemos acostumbrado y genera rechazo.

Ayer me decía un vecino: “Si es nuevo, no puede ser normal es un sinsentido, la novedad está fuera de lo normal” “Pero sería nuevo con respecto a hace 4 meses ¿no?” “Sí es verdad, pero yo quiero volver a mi vieja normalidad, mi pelea con la palabra tiene que ver con esto” “Yo también lo quiero, pero tenemos que prepararnos para lo próximo”

Con esto queremos señalar que las nuevas reglas generas otros hábitos en nosotros y modifican nuestra manera de relacionarlos, nuestra comunicación y nuestros afectos.

Las líneas humanistas han preponderado en nuestros colegios para educar las emociones y también la manera de estar en el aula. Hasta ahora, la psicología le daba mucha importancia al compartir, al admitir los errores, darse una beso y un abrazo para sellar el desacuerdo. Sin embargo, estas formas educativas van a cambiar radicalmente. Debido a que ahora se va a individualizar el uso de materiales escolares, no se debe compartir con el compañero las pinturas ni los lápices y las afrentas entre alumnos tendrán que ser resueltas a través de la palabra, nunca estrechando la mano o dándose un beso. Por este motivo, nuestros afectos quedan trastocados, son educados de otra forma, el uso de la palabra con la riqueza de su entonación, de su dicción quedará en primer lugar junto con las formas no verbales de comunicarnos, la mirada, el gesto, el movimiento serán determinantes en este nuevo lenguaje que excluye el contacto físico, quizás es el momento de trascender nuestra manera de sentir de la que veníamos siendo partícipes.

Sin embargo, todos los primates estábamos programados para el tacto. Siendo en el sur de europa una población donde nos gusta tocarnos para auxiliar a nuestro discurso, incluso si le señalo una calle a un turista que la desconoce puedo acercarme tanto que llego incluso a la aproximación física e íntima. Diferenciándonos del norte del continente donde siempre se mantiene una distancia social con desconocidos y conocidos. De nuevo, nos hemos visto amparados por filosofías pedagógicas donde se pensaba que era mejor tocar que no hacerlo.

El tacto es el sentido más primitivo, el más elemental, al nacer los bebés necesitan la piel contra piel de los padres como recurso de estabilidad, de conocimiento de sí mismos. La piel humana es la piel más sensible de todos los mamíferos en 2,5 cm2 de piel humana existen 1300 células nerviosas y según la teoría evolutiva hubo un largo periodo intenso y cotidiano donde la sensibilidad de la piel se vio incrementada.

Pues ahora se tiene que subvertir este aprendizaje hasta que no haya una vacuna para la Covid-19. Se necesitan además de leyes, de normatividades, una nueva manera de pensar la implementación de la norma puesto que al ser humano le cuestan los cambios y mucho más cuando los ve fríos y ajenos a su manera de sentir y pensar. Sería un golpe de estado a nuestra psicología o identidad colectiva como sociedad. -“¿Es que usted quiere que me haga el sueco?”- me espetó el paciente.

La pregunta a resolver sería cómo hacemos el cambio de la normatividad venidera a la normalidad inédita, sabiendo que incluso en los experimentos con monos donde se hacía dos grupos y tenían que elegir entre una mama chimpancé con piel-tela pero sin biberón y una mama de alambres pero con biberón elegían a la primera. ¿Cómo el contacto físico que rebaja los niveles de cortisol relacionados con el estrés y sube los niveles de oxitocina, la hormona del amor, tiene que ser ahora puesto en un segundo lugar? ¿Cómo nos preparamos para esto?

Los jóvenes tienen estas necesidades al descubierto, están organizando “clubes de la lucha” para pegarse, que es una manera incivilizada de tocarse pero que pone de relieve la carencia de esta “nueva normalidad” sin abrazos, con menos besos. Algunos goviernos han comenzado a hacer campañas para fomentar las parejas estables evitando que los solteros sean una fuente de contagio.

Si la memoria de un hombre está es sus besos, si no recordamos por cronología de acontecimientos sino por lo bien o lo mal que lo pasamos en unas determinadas circunstancias(afectos), este nuevo periodo hace que tengamos que decidirnos por aprender a lanzar besos con la mirada, a acariciarnos con los adjetivos, a satisfacernos observando las sonrisas. Si me decido a pensar que aceptando y cambiando mi manera de expresar los afectos salvo vidas, me protejo y favorezco la salud del resto, a mis seres queridos y también a personas que no conozco porque he dejado de ser un engranaje en la cadena de transmisión. Entonces, ese sacrificio, esa mascarilla social se habrá convertido en una nueva forma de amor.